*Por Malena Famá

Esteban se paró frente al Hotel 4 estrellas donde cumpliría su primer día laboral a partir de las 8 am y respiró profundo: A decir verdad, nunca se tomó demasiado en serio que ese taller de esa Fundación al que lo invitaron para supuestamente intentar conseguir trabajo podía efectivamente ayudarlo a conseguir uno. No cuando se tienen 52 años. No cuando se vive en la calle.

Recordó las 4 o 5 cosas que le habían quedado de la charla con la terapista ocupacional, respiró profundo y abrió la puerta pensando que debería buscar al gerente al que le habían dicho que debía referirse. Pero no: Al abrir la puerta, un grupo de unos 25 empleados uniformados lo esperaban, comenzaron a aplaudir, sonó una música conmovedora de fondo y el gerente lo presentó como un héroe sin capa. Abrumado frente a personas que lo abrazaban sin conocerlo, hizo lo posible para no evitar los abrazos -costumbre adquirida en la calle- y se repetía mentalmente que era poco probable que de esa proximidad surgiera algún “puntazo”. No en un hotel tan costoso. No en un lugar al que lo mandó la Fundación. Mientras los empleados lo conducían al picnic de bienvenida, varias personas le acercaban bolsas y bolsas con ropa “usaba pero en buen estado, eh”, que sin que él pidiera -no tendría dónde guardarla- le habían traído asumiendo que si venía “de la calle” la necesitaba.

Para hacer la historia corta, Esteban se sintió avergonzado. Hizo lo posible para salir airoso pero el comienzo marcó mucho la historia siguiente: permanentemente se lo presentaba como “la persona que viene de situación de calle”, muchas veces sin siquiera anteponer el nombre a la historia, y sus compañeros seguían trayendo más y más ropa que él no sabía cómo rechazar. Los almuerzos transcurrían con personas pidiéndole anécdotas sobre cómo era la calle, sacándose fotos que adornaban posteos sobre el héroe sin capa, y finalmente todo terminó colapsando. El año y pico “limpio” de Esteban se fue al tacho al no poder manejar la frustración, y tras la recaída se ausentó al puesto de trabajo quedando afuera de esa oportunidad.

Al comunicarme con el gerente de la empresa en cuestión y a pesar de ponerle toda la amabilidad a mis comunicaciones sobre la forma en la que no se hacían las cosas (cosas que ya le habíamos anticipado anteriormente) la respuesta fue el enojo y una frase que me permitió -a mi y a Fundación Multipolar, el espacio que presido- “entender todo”:

“Y qué esperabas, Malena. Esto es una empresa, no una cooperativa. Esto es capitalismo. Si hacemos excepciones necesitamos comunicarlas, y si vos no sacás fotos las vamos a sacar nosotros. Aparte el tipo que me mandaste vino bastante flojito de papeles, eh”. 

De repente, el ruidito de las fichas que me iban cayendo tintineaban tan fuerte que dejé de oír las barrabasadas que me seguía diciendo el gerente enojado.

Corté y dije: “Eureka!” Si bien no todas las empresas son así, en la respuesta del gerente había oído una punta que me marcaba dos errores:

El seguir intentando la inclusión laboral de personas en situación de calle en empresas que se auto-definían orgullosas de operar desde lo más excluyente del sistema capitalista del que formamos parte (porque podés reconocerlo, aceptarlo, pero si lo llevás como bandera es probable que una personas que viene de la exclusión más indignante no vaya a sentirse bien. Mala mia).

El no haber intentado, hasta el momento, el diálogo con cooperativas que se reconozcan como parte de la Economía Social. 

Porque lo importante en la generación de oportunidades para los postergadísimos de la sociedad, no es solamente la practicalidad del puesto de trabajo que ha ganado una persona excluida, sino el paradigma que como organización promovemos, los valores a los que aportamos y la coherencia de las alianzas que construimos. Entonces llevé la discusión a lo interno de la Fundación y decidimos comenzar el diálogo con cooperativas.

Sin ningún intento de romantizar el trabajo cooperativo debo reconocer que la cantidad de horas de conversación que pude ahorrarme a la hora de discutir cosas como el porqué brindar oportunidades a personas en situación de calle o la minimización de ruidos y prejuicios sobre -por ejemplo- los antecedentes de un postulante, fueron significativos. Tal vez la falta de un departamento legal constituido por empleadxs sin ningún tipo de formación en la temática sea parte del porqué. Capaz las definiciones de los objetivos de la economía social como modelo de desarrollo, producción y crecimiento expliquen otro tanto.

Y si bien repito: No se trata ni de hablar entre los que pensamos similar o que todas las empresas “tradicionales” sean poco empáticas. Lo que trato de afirmar es que creo que el rol que las unidades productivas de la economía social pueden tener en la generación de oportunidades para las personas que padecen las mayores vulnerabilidades de nuestro sistema roto debe ser jerarquizado, apoyado y priorizado a la hora de pensar en políticas públicas de estímulo a la producción y  generación de empleo.

Meses después de las conversaciones iniciadas una pandemia nos pasó por encima. Luego de un año entero haciendo frente desde Multipolar a la respuesta al COVID para las personas que no tenían lugar alguno donde quedarse, nos encontramos con lo que ya conocemos como“post-pandemia que es la situación económica que a cada actor desde su lugar nos toca enfrentar.

Las cooperativas con las que estamos dialogando para trabajar nuestro programa de inserción laboral sufrieron importantes reducciones en la demanda de sus productos y servicios por lo que nuestra posibilidad de interacción nos hizo encontrar aristas más creativas: Multipolar se comprometió a trabajar en la generación de demanda para dichas cooperativas aprovechando sus alianzas con empresas realmente comprometidas con la generación de trabajo decente, y frente a esa demanda estamos generando formas de respuesta que puedan incluir a nuestra población que necesita salir de la calle.

Cuanto más nos acercamos, más nos conocemos. Y cuanto más nos conocemos, más nos damos cuenta que es por acá. Por acá donde compartimos métodos y formas de trabajo. Por acá donde sabemos que la calle no es un lugar para vivir y que toda persona merece una segunda oportunidad. Por acá donde cada persona es dueña de una parte de su trabajo. Pero sobre todo por acá, donde el único héroe que nos gusta es Batman, a quien la capa le queda perfecta.

*Presidenta de Fundación Multipolar

Editor Ansol

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