A un año del Decreto 297/20 que dictó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio; las cooperativas de trabajo, como toda la sociedad, han atravesado un momento extraño y difícil. Acá lo repasamos.

20 de marzo de 2021(Ansol).- Alé Alé, el Bauen, el Centro Autogestivo Juana Villca y Cambá hablaron con Ansol para repasar estos 365 días de Aislamiento y distanciamiento social, preventivo y obligatorio.

El Bauen, que en noviembre pasado dejó las históricas instalaciones del hotel, en Avenida Callao 360, se encontró con el Covid-19 cuando las esperanzas de salir de la crisis empezaban a crecer.

«Nosotros veníamos con una sucesión de clausuras durante 2018 y 2019. Eso había afectado el giro comercial del hotel de una manera tremenda», explicó Federico Tonarelli, vicepresidente de la cooperativa que había alojado también a otras empresas sociales como Infonews, Garganta Poderosa, Almacén La Dignidad y El Descubridor.

A eso se sumaba lo que Tonarelli consideró «una avanzada política de parte del gobierno de la Ciudad que se había propuesto poner a la cooperativa casi al borde del cierre».

«Cuando parecía que con la asunción del nuevo gobierno, la situación iba a cambiar, y de hecho empezó a cambiar, apareció la pandemia», explicó.


«Nosotros veníamos con una sucesión de clausuras durante 2018 y 2019. Eso había afectado el giro comercial del hotel de una manera tremenda»

Federico Tonarelli, Coop. Bauen

Desde entonces, no volvieron a abrir el espacio. No tuvieron más pasajeros ni clientes y dejaron de facturar.

«A junio de 2020, la cooperativa tenía una deuda que pisaba los 14 millones de pesos. Sin ingresos, sin perspectiva, sin pasajeros leves que nos hubieran enviado las autoridades para utilizar las utilidades de un hotel de 20 pisos, la decisión de salvar la cooperativa significaba soltar el edificio. Tres veces nos arrepentimos, por la lucha que habíamos tenido. Finalmente decidimos, con todo el dolor, entregar las instalaciones al Poder Judicial, que nos tuvo en jaque durante los 17 años de gestión, y asumir una resolución del año 2017 de la Cámara de Apelaciones que consideraba que así como la cooperativa debía devolver las instalaciones, debía ser resarcida por los entonces 14 años de gestión», contó el vicepresidente del Bauen.

Así, mantuvieron un equivalente al retorno de excedentes previo a la pandemia para cada trabajador y esperan el momento para dar el gran paso:
«Frente a la segunda ola que se nos viene, probablemente se nos vaya este año también, pero estamos en condiciones de aguantar durante estos meses para cerrar el tema y abrir un nuevo espacio».

Para eso, están en diálogo con el Inaes y con el Ministerio de Turismo y Deportes para conseguir un inmueble propiedad del Estado que pueda ser otorgado en comodato a la histórica recuperada.

Alé Alé y la gastronomía en pandemia

El restaurante Alé Alé de la calle porteña Cabrera 4270 apenas cerró la primera semana de aislamiento y después pudo empezar a trabajar con delivery.

Mientras tanto, colaboró con la conformación de la cooperativa 1893, que también atravesaba otro intento de vaciamiento patronal.

Durante la Fase 0 se propusieron mantener la infraestructura y los costos de la empresa: pintaron, arreglaron baños para que el local siguiera en las mejores condiciones, mientras pagaban todos los servicios.

Eso les implicó esfuerzos, pero hoy están satisfechos: «Sirvió para que hoy en día no tengamos deuda y ya con un 75 por ciento de actividad tenemos retiros dignos y estamos tranquilos», explicó Andrés Toledo, presidente de la recuperada.

Así como en septiembre pasado pudieron poner mesas en la vereda y en al calle, hoy están pensando enfrentar el otoño y el invierno invirtiendo en calefacción para la vereda o para alguna de las dos terrazas. «Se ve ya un ánimo distinto al de un año atrás. La gente no quería salir y pocos hacían delivery. Creo que la gente no pierde el miedo, pero aprendió a respetar el protocolo. Nosotros lo agradecemos y brindamos todo para que estén seguras esas familias y la gente mayor, que quieren estar cómodas y cuidadas», concluyó Toledo.

«Se ve un ánimo distinto al de un año atrás. La gente no pierde el miedo pero aprendió a respetar el protocolo»

Andrés Toledo, Pdte. Coop. Alé Alé

Cambá y el rubro tecnológico

La empresa de tecnologías Cambá trabajaba en un semipiso de Avenida de Mayo hasta hace un año, cuando siguieron su labor a distancia, desde la casa de cada cual. «Tuvimos que reacomodarnos durante 2020, pero en nuestro rubro estamos más acostumbrados a tele-trabajar», explicó el síndico suplente, Charly Cuocco.

La cooperativa estaba en una búsqueda de nuevos clientes justo cuando se topó con el virus. «Tuvimos que pensar qué otras cosas podíamos empezar para generar más trabajo», contó.

«Tuvimos bajas de varios asociades, con la incertidumbre que generaba, pero al trabajar en una cooperativa, sabemos que va a depender de nosotres seguir o no trabajando. Nadie tuvo miedo a despidos», siguió Cuocco.

Por medio de la federación Fedecaba consiguieron la ayuda temporal del Ministerio de Trabajo de la Nación, la Línea 1 del Programa de Trabajo Autogestionado y recién hacia fin de año consiguieron un repunte en la cartera.

«Como siempre decimos, dentro del rubro en el que está la cooperativa, no sufrimos tanto la pandemia, pero encontramos la forma de adaptarnos y de ayudar al resto. Por eso hicimos aplicaciones para dar información sobre los casos de Covid a nivel nacional y la parte de educación de la cooperativa se reconvirtió para ayudar con la herramienta Moodle», cerró Charly Cuocco.

Juana Villca: los costureros siempre están

El Centro Autogestivo Textil Juana Villca, que toma el nombre de la mujer que murió en un incendio en un taller abrazada a seis niños, organiza a costureros y costureras con el objetivo de que estos consigan mejores condiciones de trabajo.

«Cuando llegó la pandemia, sobrevivimos haciendo barbijos para privados que invertían en rollos de friselina, nos los traían y nosotros los confeccionábamos. Después hubo una sobresaturación en el mercado, llegaron máquinas que hacían mil barbijos por minuto, y empezó a haber una especulación con el insumo principal», recordó Vázquez, presidente de la entidad.

Entonces se reorientaron a los camisolines, un articulo que no hace ninguna máquina. «A finales del año pasado empezamos con licitación al Estado por parte de las organizaciones sociales», contó, y cerró: «El rubro textil siempre va a tener algo para coser. El tema es si la licitación la gana una empresa y cosemos nosotros, porque la empresa no tiene 200 personas trabajando, sino que contrata talleres, o si las licitaciones son directas a las cooperativas, esa plata la redistribuimos entre las compañeras y los compañeros y mejoramos la situación de trabajo. Esas licitaciones tienen esas dos vertientes, pero siempre las terminamos cosiendo los y las costureras».

«El rubro textil siempre va a tener algo para coser. El problema es si la licitación la gana una empresa grande o una cooperativa»

Juan Vázquez, Pdte. Coop. Juana Villca

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