*Eva Verde

La experiencia de los super barbijos que están fabricando las cooperativas es un trabajo conjunto. La UBA, Conicet y la Unsam crearon la tela; la empresa Kovi tiene la licencia para elaborar la tela y donó el 10 por ciento para que las facultades repartan entre las coopes y hagan los barbijos para donación, y para venta a precios populares. Es decir, que se garantiza que el trabajo de las compañeras textiles no sea gratis, sino remunerado.

Es importante tener en cuenta que durante la pandemia, los polos textiles de las organizaciones sociales trabajaron día y noche confeccionando tapabocas y camisolines para los comedores comunitarios, para los vecinos y vecinas de los barrios.

En el caso específico de estos barbijos, el circuito es el siguiente: la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA le dona a la rama textil del Frente Popular Darío Santillán (Fpds), y estos son vendidos a través de la comercializadora Mecopo (Mercado de Consumo Popular) para solventar gastos de materia prima y mano de obra. El precio solidario tiene que ver con que es una donación de telas, y lo que se cobra es para solventar gastos de las trabajadoras textiles.

La forma de conformación del precio es  bajo los principios del comercio justo y en acuerdo con las productoras.

O sea, por más que el valor de Mercado permita un precio superior, no especulan ni sacan provecho de la donación.

Un porcentaje de la producción se dona a comedores, a sindicatos, y a distintos actores que están haciendo un trabajo social. Por ejemplo, en estos momentos se está por hacer un acuerdo con el sindicato de maestros para hacer una donación antes de que empiecen las clases.

Es importante remarcar el trabajo conjunto de todos los actores: universidades, empresa, Conicet, llegando a acuerdos de desarrollar una tela que tiene propiedades, pero también es accesible para una gran parte de la comunidad: los maestros, centros de salud, comedores populares.

Creo que se pone en evidencia que nadie se salva solo, que hay que trabajar articuladamente, que se pueden pensar formas creativas de desarrollar tecnología, hacerla accesible y crear trabajo. Las compañeras de las textiles cooperativas enfrentaron la pandemia que las perjudicó porque no podían desarrollar su trabajo, pero donaron su tiempo. No todas pudieron donarlo dando un plato de comida, pero pusieron su solidaridad a disposición para ayudar a vecinos y vecinas haciendo tapabocas para todxs.

En las comercializadoras de la Economía Popular, los Mercados de Cercanía, existe un compromiso por la construcción de otras formas de relacionar a la producción y el consumo, sin abusos, sin especulaciones, y respetando el pago de un trabajo digno.

Por eso la comercializadora que participa del entramado es interesante para poder pensar en la accesibilidad de los alimentos, barbijos, útiles escolares porque sin su participación en el trabajo de difusión, que ayudará a la cooperativa moviendo las telas, distribuyendo los productos, seguro hubiera sido muy difícil que esto se llevara adelante.

La compra de cada barbijo solventa la donación de otro que se entrega en otro lugar, esa es la imagen de una experiencia con tantos actores y actoras en el medio.

Creo que es un ejemplo de que otra economía es posible, una economía donde participemos todxs.

*Coordinadora de Asesoramiento en Gestión a Unidades Productivas (Secretaría de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación), Coordinadora Nacional de Mercados de Cercanía (SES-MDSN) y Referenta del Frente Popular Darío Santillán.

Editor Ansol

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