*Carolina Brandariz

La lucha por el aborto seguro, legal y gratuito en nuestro país es histórica. Fue construyéndose en el feminismo popular y federal que viene encontrándose anualmente en los Encuentros Nacionales de las Mujeres desde el retorno de la democracia. Hoy esos encuentros los nominamos Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Travestis, Trans y no Binaries como fruto de los debates que nos hemos dado. La Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito lleva once años peleando por el Derecho a decidir. El #NiUnaMenos en el año 2015 popularizó el debate. Durante el 2018 el Movimiento Feminista copó las calles con un planteo concreto: Educación sexual integral para decidir, Anticonceptivos para no abortar, Aborto legal para no morir.

Durante la Pandemia amarilla, el ex presidente tomó una actitud irresponsable: decía abrir un debate sin hacerse responsable de un problema de salud pública que afecta a miles de mujeres en nuestro país.

Sin embargo, el debate social que construimos hace apenas dos años permeó las paredes de las escuelas, de los puestos de trabajo, de las calles. Y nos permitió mucho más que una media sanción: nos permitió despenalizar socialmente el aborto. Porque parte del saldo positivo de aquellos días fue reconocer que los abortos son una realidad en la vida de las mujeres y lo que está en debate es si estas prácticas sociales se realizan en un hospital o en la clandestinidad.

Aquello que está en debate interpela al gobierno popular de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Porque el aborto legal es justicia social. Porque es injusto socialmente que, en el marco de la clandestinidad, cada piba y o mujer deba responder con lo que trae en el bolsillo de acuerdo a su lugar de nacimiento.

Porque parte de nuestros aprendizajes y consensos construidos en la calle también, creen fervientemente en las maternidades deseadas. En mamás que se constituyen como tales en base al deseo, y niñeces que nacen en el marco de un proyecto de vida que los está esperando.

También durante estos años hemos desmitificado mitos disciplinadores, arcaicos y sexistas. En aquellos países en los cuales el Aborto se legalizó, no se observa que hayan aumentado los mismos. Más bien se registra una disminución de las tasas de mortalidad materna, que incluso debiera nominarse de manera distinta, ya que nos referimos a mujeres que se realizaron un aborto justamente porque decidieron no ser madres.

Durante los años del kirchnerismo, se ampliaron derechos civiles para el conjunto de la ciudadanía: matrimonio igualitario, identidad de géneros, educación sexual integral, entre otros. El aborto legal sigue siendo una deuda de la democracia que empuja a las mujeres a una práctica clandestina.

Que el aborto sea legal y que sea una conquista de las mujeres nos vuelve a ubicar en aquella línea histórica en la cual Evita nos decía “Ha llegado la hora de la mujer…” a propósito de la sanción del voto femenino. Contiene a las mujeres en el marco protectorio del Derecho, nos quita el tutelaje y la dependencia a la cual nos somete el patriarcado, restituye aquella condición de ciudadanía inferior y ubica a nuestras decisiones en pie de igualdad.

Llegó la hora.

*Dirección de Cuidados Integrales en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Editor Ansol

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