*Diana López Cardona

Estos son tiempos inéditos. La pandemia tensionó la necesidad de replantearnos nuestras formas de vida y las maneras de relacionarnos entre los seres humanos en todas las dimensiones de nuestro ecosistema. Relaciones condicionadas hoy por el modelo neoliberal, cuyo rostro ha sido develado; mostró lo que escondía en los entretelones mediáticos: su responsabilidad en la barbárica desigualdad, anclada como sentido común en la esfera individual.

La educación como relación social y cultural es un lugar donde transitan estos y otros asuntos. No es posible pensar en unas nuevas relaciones sociales sin pensar en la pedagogía, es decir, sin pensar en la forma de concebir cómo y para qué se enseña. La pandemia nos ha sacudido al constatar la desaparición, al menos temporal, de la escena cotidiana de la vida escolar, ya no hay niños y niñas entrando a las escuelas, ya no hay docentes recibiendo o despidiendo al final de la jornada escolar. Hoy docentes y estudiantes se enlazan por plataformas digitales, la banda ancha es el trayecto y el computador el aula; un asunto más de complejidad a la acción de enseñar.

Las Universidades han convertido su campus en el soporte virtual donde la individualidad (hegemonizada) se amplía con repercusiones aún insospechadas. Sus puertas físicas están cerradas, los espacios abiertos llenos de estudiantes ya no resuenan en el vecindario, los docentes deben avanzar con aulas virtuales en medio del desconocimiento de sus posibilidades y alcances, mientras las familias se encuentran ante la inevitable actividad de acompañar todo el tiempo a sus hijos e hijas en el desarrollo de las actividades, así como en el asesoramiento y acompañamiento de las clases a través de las distintas plataformas o redes.

Cambios temporales que dejarán huellas, no ajenas al campo cooperativo y solidario. Desde hace décadas se viene planteando la necesidad de poner en diálogo la educación y el cooperativismo, la Ley Nacional de Educación así lo indica (art.90). ¿Qué significa hoy pensar esa relación en plena pandemia? Resulta una pregunta pertinente, cuya primera respuesta puede ser expandir el carácter comunal, colectivo, cooperativo de la vida y las formas de relacionamiento social, que abonen al tránsito hacia otra sociedad, una sociedad más justa, que parta de la igualdad de los seres humanos y que atienda a las necesidades derivadas de la crisis ecológica y de sentido de la vida en general.

Desde esta perspectiva el desafío asumido es avanzar en la concreción de una pedagogía de la solidaridad que abone reflexiones, argumentos y acciones concretas para el tránsito posible de una educación en la pospandemia. Una pedagogía entendida desde el reconocimiento de la igualdad, la reciprocidad, la producción colectiva, orientada a recuperar el sentido de la vida en general y de la vida humana en particular. Una relación que interpele la autodestrucción y la complacencia con un modelo de sociedad competitiva, elitista, que avasalla y extermina.

Anteponer una relación formativa que produce pensamiento crítico colectivo, que plantea alternativas cooperativas y de afianzamiento de alianzas solidarias que impulsen un desarrollo sustentable. Desde el sistema educativo en sus distintos niveles, se pueden desarrollar acciones propias de la solidaridad:  Transitar espacios de interlocución y trabajo colaborativo, reconocer las experiencias de la otredad, intercambiar saberes que circulan en la educación y proponer un pensamiento democratizador.

Las organizaciones de la economía social y cooperativa son espacios donde se aprende y se enseña, son espacios formativos, un lugar desde el cual se pueden potenciar diálogos con otros saberes, enfatizando en convertir en potencia el ejercicio participativo y democrático de producción de conocimientos de carácter científico, pertinente y posible, para abonar también a la consolidación de las organizaciones y sus espacios productivos.

Construir otra economía, implica deconstruir relaciones culturales que superan el individualismo, que priorizan la producción colectiva y socializan el saber y la producción en todas sus formas. Avanzar en una propuesta pedagógica que anteponga el trabajo colectivo sobre la competencia, el carácter comunal del saber que potencia la vida, genere espacios de participación como ejercicio real de la democracia, es parte del camino que queremos recorrer para avanzar en un cooperativismo transformador, que en palabras de Angel Petriella, será el abono para la construcción de un mundo mejor.  

*Doctora en Educación y Filósofa. Profesora – Investigadora del Instituto Universitario de la Cooperación (Iucoop)
  • Doctora en Educación y Filósofa. Profesora – investigadora del Instituto Universitario de la Cooperación (IUCOOP)

Editor Ansol

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