*Alberto César Croce

Durante estos 8 meses de aislamiento social (ASPO) y/o de distanciamiento social (DISPO), en diferentes territorios del país, a causa de la pandemia que estamos viviendo, escribí distintas reflexiones y posicionamientos, a la luz de los acontecimientos que iban desarrollándose.

Más de un millón de personas contagiadas y miles de personas fallecidas son el trágico saldo de esta terrible enfermedad que nos sigue teniendo en vilo. 

La sensación generalizada es que se nos hace muy difícil soportar este aislamiento, tanto desde lo emocional como desde lo económico. Claro que al virus esto no le importa en lo más mínimo. Y se toma su tiempo y su presencia  entre nosotrxs no deja de contagiarnos. En este momento, a razón de alrededor 10.000 personas por día. Un poco menos que los 15.000 a los que llegamos en lo que fue el posible “pico” de esta pandemia.  Aunque, siendo estrictos, nadie puede aún asegurar que ese haya sido el guarismo más alto de contagios que sufriremos en nuestro país hasta que pase la pesadilla.

Mientras tanto, la situación educativa de nuestro sistema se fue agravando día a día. Hoy ya son muchxs menos lxs estudiantes que están “conectados” y que responden a las tareas y propuestas que sus docentes les hacen llegar, como pueden. 

También les docentes están muy cansados. Es que la tarea docente no se ha interrumpido y la mayoría de les docentes ha hecho un esfuerzo gigantesco para sostener la “continuidad pedagógica”. Lamentablemente, no fueron TODOS les docentes quienes obraron ejemplarmente. Algunos no lo hicieron. O bien porque la virtualidad les costaba muchísimo, porque no estaban preparados para esta tarea o porque no quisieron hacerlo. Sin embargo, la mayoría sí estuvo en las trincheras virtuales poniendo todo de sí. Los resultados son loables desde el esfuerzo pero menos satisfactorios desde la situación educativa de les estudiantes. Es necesario recordarnos una  y otra vez, que estamos hablando de una situación de pandemia, que nos impuso durísimas condiciones de vida, mucho más allá de lo económico que, de por sí, ya fue bastante devastador, sobre todo, para la gran mayoría de les estudiantes de las escuelas públicas. 

En este contexto, quiero compartir con ustedes sobre todo dos reflexiones y, si me permiten, también llamadas de atención. 

En primer lugar, quiero expresar claramente mi incomprensión del por qué se ha puesto tanta presión en estas últimas dos semanas en “volver a la presencialidad en las escuelas”.  Realmente me parece que no tiene sentido ninguno, desde lo pedagógico y educativo, esta situación que se quiere forzar. 

A muy pocos días del final del curso lectivo, pretender que les estudiantes vuelvan a clases en las escuelas, dos o tres horas, cada 15 días… me parece que no es para nada significativo y, más bien, aumenta la confusión de todxs los que participan activamente del sistema educativo. Por otra parte, genera más presión sobre les docentes que, además de sostener la virtualidad para finalizar el año, tienen que ir a las escuelas para “dar clases” en condiciones muy confusas y poco eficaces, teniendo en cuenta lo que los protocolos exigen. 

Conversando con docentes de muchas provincias del país, me han dicho que, en sus jurisdicciones, “nadie piensa en volver este año”… Eso, en este contexto, me parece lo más sensato. Tanto desde el punto de vista del cuidado de la salud, como de la continuidad pedagógica. Como ya lo he escrito  hace unas semanas, la propuesta del ATR de provincia de Buenos Aires, me parece una muy buena alternativa para buscar alguna forma de revinculación de les estudiantes con quienes se ha perdido contacto. Obviamente, no para volverlos a una “presencialidad” que hoy no tiene mucho sentido… Algunas otras jurisdicciones están diseñando propuestas similares.

La segunda reflexión tiene que ver con “el futuro” educativo de medio o de largo plazo.  

Todxs tenemos muchas expectativas, más allá de los sectores muy minoritarios aunque ruidosos que se oponen, en que entre diciembre y febrero, se haya vacunado una parte muy importante de nuestra población. De momento, es un gran deseo, apoyado en convenios que nuestro gobierno ha ido firmando con los principales laboratorios y sus respectivos países. Lo cierto es que aún no están las vacunas aprobadas por la OMS, aunque suponemos que se superará satisfactoriamente la etapa de prueba. 

Si esto fuera así, en febrero o marzo del año próximo podríamos estar volviendo a abrir las escuelas y recibir a nuestrxs estudiantes. 

En esa posibilidad, deberíamos plantearnos diferentes escenarios posibles y actuar en consecuencia. ¿Cuáles son los que yo estoy imaginando?

Básicamente, dos posibles: Que se retomen las clases presenciales más o menos como las conocemos. O que esto no sea posible (por diversos motivos).

Analicemos esta última posibilidad. 

Las clases pueden no retomarse presencialmente porque, al comenzar el otoño y más allá de las vacunas, los casos vuelvan a crecer y no sea recomendable retomar la presencia colectiva en las aulas. En ese caso, puede que no se retome inmediatamente la presencialidad o que se decida ir a un formato de “burbujas” con reducido número de estudiantes, que se alternen en las aulas. Si esto sucede, deberíamos poder comenzar el ciclo lectivo, con propuestas pedagógicas elaboradas, tanto para aquellxs estudiantes que tengan conectividad, como para aquellos que no la tienen y no la tendrán en un tiempo breve o medio. . 

Por ello, es fundamental que, ante esta posibilidad, tanto desde los equipos jurisdiccionales como desde los docentes, se diseñen materiales y propuestas pensadas para quienes se continuarán conectando virtualmente, como para quienes no lo contarán con los medios necesarios para ello. 

No podemos permitirnos comenzar el año próximo sin estas propuestas elaboradas y preparadas. No nos podemos dar el permiso de la improvisación. Por supuesto, no estaremos en la misma situación que nos sorprendió al comenzar el ciclo lectivo 2020. Tenemos la obligación de prever estos escenarios y actuar en consecuencia. Y, desde ahora, tenemos por delante 5 meses para ello. 

Analicemos ahora la primera alternativa: Que puedan retomarse las clases presenciales al comenzar el año 2021. 

Por una parte, ya sabemos que, al menos los primeros meses, los necesitaremos para completar aquellas cosas fundamentales que no fueron posibles alcanzar en el año que estamos terminando. El “ciclo continuado” nos exigirá formatos pedagógicos especiales, que no están aún diseñados por completo. En algunos casos, para “recibir” a les estudiantes en un nuevo ciclo o nivel educativo, diferente al que este año estaban transitando. 

Por otra parte, aun en la presencialidad, tendremos que aprender a cuidarnos mucho más. El aseo en la escuela y de la escuela, y cierto distanciamiento será también recomendable. Todos hemos aprendido que, gracias a los cuidados preventivos del COVID, este año han habido muchas menos gripes y resfríos (y otras enfermedades) que las que estábamos acostumbrados a padecer… 

Por otra parte, es de esperar que hayamos aprendido nuevos formatos didácticos y propuestas pedagógicas y que no las abandonemos por completo en la presencialidad. Nuestrxs estudiantes tienen que continuar aprendiendo a “aprender” con formatos mixtos que combinen presencia cercana con trabajos virtuales. Todo lo que hemos desarrollado es fundamental que no lo perdamos, entre otras cosas, para estar preparados ante nuevas situaciones similares a las que hoy estamos padeciendo. 

Seguramente debamos fortalecer la perspectiva de la iniciativa personal de les estudiantes para los aprendizajes, procurar que sean menos dependientes y más autónomxs.

Será importante que construyamos metodologías mixtas (virtuales y presenciales) que nos permitan construir y fortalecer la grupalidad y el encuentro. Una nueva crisis no nos puede encontrar igualmente desprovistos de tecnologías y metodologías para mantener fuertes lazos comunicacionales.

También la escuela deberá reconfigurar su relación con las familias y las organizaciones sociales de la comunidad de pertenencia. Estas han jugado un rol fundamental en este tiempo (O no lo han podido hacer, con gravísimas consecuencias para las trayectorias de les estudiantes. ) La nueva etapa no nos puede llevar a ignorar todo este gran compromiso ciudadano para con la educación de nuestro pueblo. 

Desde cada escuela y desde el conjunto de la sociedad, también debe crecer una demanda ciudadana para garantizar el derecho a la conectividad  y a contar con equipos para poder estudiar. Hemos aprendido que era fundamental contar con esta posibilidad y que lo contrario implica profundizar la desigualdad de una manera que ya no se podrá tolerar. 

Por último, será fundamental trabajar en procesos de formación docente que permitan capacitar a todxs lxs educadores para estar preparados para responder a los requerimientos que venimos señalalando.   

Estoy convencido que es mucho más importante que estemos pensando en cómo comenzaremos el año 2021 que en forzar un retorno anticipado a clases presenciales en estos últimos 30 días del año educativo 2020. Se requiere una visión estratégica de futuro y actuar en consecuencia. No hacerlo sería, además de una gran mediocridad mental, un error político y pedagógico de gravísimas consecuencias. 

No pretendo que todxs coincidan con mi mirada y mis reflexiones. Pero al menos, espero poder discutirlas respetuosa y firmemente. Son miles y miles de trayectorias educativas estudiantiles las que están en juego. No debemos mirar para otro lado.  

*Secretario Nacional Campaña Argentina Por el Derecho a la Educación (CADE)

Editor Ansol

Ver todos los posts

Agencia de Noticias Solidarias

¡SUSCRIBITE A NUESTRO BOLETÍN!

¿Escuchaste el
Micro Radial
de Ansol?

Disponible en:

  • Spotify Podcasts
  • SoundCloud