Esa es la consigna de la Confederación Argentina de Mutualidades que impulsa una discusión sobre la Economía del Cuidado. “Nuestros asociados demandan este servicio, y cada vez van a hacerlo más, pueden generarse muchas cooperativas para dar respuesta a esta demanda”, explica Nora Landart, Secretaria de Géneros de CAM.

25 de agosto de 2020, CABA (Ansol).- En el día de ayer se celebró una charla virtual bajo la premisa Economía del cuidado y mutualismo, en la que se trataron algunas problemáticas que gozan de vigencia, como la marcada desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral, las barreras propias de las tareas de cuidado y las resoluciones posibles, de acuerdo a la realidad socioeconómica de cada grupo familiar.

Participaron del encuentro Elsa Miori, presidenta de la Cooperativa de Cuidadores Domiciliarios de Mar del Plata, Blanca Suárez, secretaria de Géneros de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM), José Garriga, miembro de la Comisión Internacional de la CAM, y Jorge Bragulat, director del Centro de Estudios sobre la Economía Social, en la Universidad de Tres de Febrero.

La charla contó con la moderación de Nora Landart, que se desempeña en la CAM como secretaria de Equidad y Género.

Garriga fue el encargado de contextualizar de qué hablamos, cuando hablamos de una economía del cuidado: “Deben considerarse dos dimensiones: una que guarda relación con las tareas domésticas en el hogar, cuyo trabajo recae generalmente sobre las mujeres, y otra que tiene que ver con la atención y el acompañamiento de personas que no pueden valerse por sí mismas, fundamentalmente adultos mayores”.

José aclaró que, en estos casos, el mutualismo tiene las herramientas para intervenir como organizador, creando grupos de personas que están preparadas para hacer frente a las necesidades de cada caso.

Datos de la realidad

En un plano global, según estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres cumplimentan tres horas diarias de trabajo remunerado, mientras que destinan un promedio de 4,4 horas a tareas que no les son recompensadas. Los números se invierten, cuando vemos lo que pasa con los varones: el trabajo no reconocido que hacen apenas alcanza la hora y media diaria, en tanto que el trabajo pago escala a un rango de 5,4 horas.

“Deben considerarse dos dimensiones: una que guarda relación con las tareas domésticas en el hogar, cuyo trabajo recae generalmente sobre las mujeres, y otra que tiene que ver con la atención y el acompañamiento de personas que no pueden valerse por sí mismas, fundamentalmente adultos mayores”

José Garrica. Comisión Internacionales CAM

Para ver cómo está la cosa en nuestro país, nos remitimos a una estadística que se implementó en el año 2013 a la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU): las mujeres que viven en Argentina dedican cada día cerca de 6 horas a tareas que no son reconocidas con dinero; los hombres solo 2. En el sector de los trabajos de cuidado -incluyendo muchas tareas que, en esta coyuntura, han sido declaradas esenciales-, las mujeres constituyen el 86 por ciento del personal empleado.

La otra realidad, directamente relacionada con el universo de las tareas de cuidado, es que un 26 por cierto de los hogares con altos ingresos contrata servicio doméstico, mientras que, entre las familias menos privilegiados, solo un 3 por ciento puede darse el lujo de pagarle a un trabajador, o una trabajadora, para que se encargue de las tareas de su hogar. De esta manera, vemos cómo se reproduce la desigualdad social, en tanto que las familias con un piso más bajo de ingresos son, al final del día, las que tienen menos oportunidades materiales de dejar sus casas para trabajar las horas necesarias.

En el marco de la charla, surgió también la necesidad de delinear un Registro Nacional de Cuidadores Domiciliarios, teniendo como horizonte que, en nuestro país, los cuidados puedan ser incorporados como parte de una política pública que contemple la protección social.

De cara al futuro

Nora Landart expresó, durante su intervención, que hablar de una economía del cuidado nos permite visualizar la relación que hay entre las tareas productivas y las tareas reproductivas, “que, históricamente, han recaído sobre las mujeres e identidades feminizadas”.

El rol que viene a ocupar el mutualismo, en el marco de esta discusión, tiene que ver con proclamar las tareas del cuidado como un derecho y luego como una responsabilidad colectiva, que le compete al conjunto de la sociedad y ya no a un sector.

Una de las problemáticas que aún no ha sido resuelta, según entiende la secretaria de Equidad y Género, está vinculada con las condiciones precarias que persisten en este universo laboral, y con el hecho de que las personas que se ocupan de estas tareas a menudo no están lo suficientemente preparadas para garantizar un buen cuidado. En ese sentido, manifestó que la posibilidad de organizarse en el marco de cooperativas, “posibilita una capacitación adecuada y garantiza el cumplimiento de valores que son propios de una Economía Social”. Finalmente, recordó que, en los países más desarrollados, la distribución del trabajo no remunerado ocurre de un modo más equitativo, tanto desde una mirada clasista como de una mirada de género.

El cuidado es un derecho, pero también es generador de valor para cualquier economía. Este año, el Estado argentino creó la Dirección de Cuidados Integrales, en la órbita del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, a cargo de Carolina Brandariz.

El nuevo organismo, en este contexto pandémico, motorizó un programa de prevención que se llama El barrio cuida al barrio, y que garantiza la presencia de promotores socio-comunitarios en los barrios populares. Son iniciativas que van en la dirección de una necesaria regulación de los trabajos de cuidado, para esto de construir una sociedad más justa.

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rf

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