Al 6200 de la Avenida Rivadavia, casi a mitad de cuadra, está el local de Amazonas Urbanas, una peluquería que se organizó como Cooperativa de Trabajo tras una gestión privada que hizo agua. Hoy, 39 socios le ponen el pecho a la crisis y la pandemia del coronavirus.

21 de agosto de 2020, CABA (Ansol).- Corría el año 2009 y una cadena de peluquerías, muy conocida en la zona de Flores y aledaños, se veía desbordada de deudas y problemas financieros que ya no le permitían seguir trabajando con normalidad.

Su dueño, en ese contexto, convocó al grupo de trabajadoras que tenía más experiencia en el lugar y les propone reagruparse en una cooperativa de trabajo, que él mismo se encargaría de dirigir.

Celia Ávila, presidenta de Amazonas Urbanas, relató la historia ante ANSOL: “Ese día nos juntó y nos dijo que así íbamos a poder estar mejor. Después, cuando ya nos habíamos constituido como cooperativa y habíamos arreglado con el dueño del local para que nos sostuviera el alquiler, de golpe nos vino a pedir que volviéramos atrás y deshiciéramos todo”.

Frente a ese reclamo, los compañeros se plantaron y respondieron que no. El hombre acabó haciéndose a un lado, aunque se salió con la suya porque nunca más saldó con ellos las deudas que sostenía.

Celia recordó que la mayoría de los 40 trabajadores y trabajadoras de la peluquería eran sostén de familia, y que no podían darse el lujo de quedarse sin trabajo, pero la ley los amparaba, porque a fines de 2009 ya habían obtenido la matrícula que decretaba que la peluquería era una Cooperativa de Trabajo. así nacía Cooperativa de Trabajo Peluqueros Estética Buenos Aires Ltda.

Ya no había ningún dueño, sino un grupo de trabajadores en condiciones de paridad, y eso fue lo que hizo que este grupo de compañeros pudiera sentar una postura firme y sostener su fuente de trabajo. Lo que vendría después eran reuniones con grupos de abogados para saldar las deudas contraídas y renegociar un contrato de alquiler con el dueño del lugar, pero con la tranquilidad de que nadie los dejaría en la calle.

Pandemia

La peluquería está en una zona muy concurrida de la Avenida Rivadavia, entre Donato Álvarez y Boyacá, a metros de las Estación Carabobo, bordeando el viejo barrio de Flores y la zona de Primera Junta. Preguntamos a Celia cómo se han venido arreglando, en este tiempo de crisis a raíz de la pandemia, y nos responde que cada socio y socia de la cooperativa ha estado rebuscándoselas como pudo, porque el local permaneció varios meses cerrado y las deudas de servicios, alquiler, acreedores, comenzaron a acumularse otra vez, como si el tiempo hubiera retrocedido hasta estacionar en el cordón de ese problemático 2009.

Explicó Celia que se vieron obligados a salir a buscar un auxilio, y que, en eso, el IMFC (Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos) les tendió una mano para ayudarlos a salir del pozo, otorgándoles un meso crédito de 195 mil pesos y ayudándolos en la gestión frente al Ministerio Nacional de Desarrollo Productivo. “Con eso, pudimos dar una ayuda de cinco mil pesos a cada uno”, relató.

El 25 de julio, después de tanto padecimiento, Amazonas Urbanas publicó en su cuenta de Facebook un posteo anunciando a sus clientes que ya se podían reservar turnos, y que el día 29 a las 11 horas la peluquería volvía a abrir sus puertas.

“¡Estamos felices de volver!”, escribían en mayúsculas, quienes precisaban como agua volver a trabajar. Las condiciones para ingresar al salón, aparte de haber sacado turno con anticipación, es asistir sin acompañantes y tener el tapabocas colocado en todo momento.

Perspectiva

Celia aclara que no se han reinventado, en tanto que el lugar sigue ofreciendo los mismos servicios de estética y peluquería que ha ofrecido siempre. “Eso es lo que queremos ser”, dice quien sabe bien que en el barrio ya han cosechado una clientela consolidada y que posiblemente no sería un buen negocio andar presentando servicios nuevos. Explica que, hasta que quede atrás esta situación pandémica, seguirán trabajando por turnos, y que solo una parte del staff está atendiendo el local, porque muchos de sus compañeros y compañeras son personas de riesgo o bien viven en la Provincia de Buenos Aires, y no pueden viajar hasta su lugar de trabajo.

“La recuperación -dice Celia-, sabemos que va a ser lenta, no estamos ni cerca de la facturación de marzo, pero nosotros apostamos al cariño de nuestros clientes. A ellos les ofrecemos un servicio de calidad, con atención personalizada y precios acordes, y hoy nos remarcan que también les da tranquilidad venir a atenderse acá, porque nosotros procuramos cumplir seriamente con las medidas sanitarias”. Las personas mayores son una parte importante de la clientela de cualquier peluquería de barrio, y eso hace que sea indispensable una atención cuidadosa y responsable, como la que está ofreciendo hoy los trabajadores de Amazonas Urbanas.

Permitida su reproducción total y/o parcial, citando debidamente la fuente. 

sa

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