*Julia Cófreces

Mientras Argentina atraviesa el pico de casos y fallecimientos desde el comienzo del ASPO, cada vez son más las voces que se suman al debate sobre el futuro pospandémico. En un contexto donde el mundo se enfrenta a la mayor caída económica desde la Segunda Guerra Mundial, la gran pregunta acerca del futuro es si la reactivación económica vendrá de la mano del crecimiento de la producción y el trabajo, o si triunfarán las corporaciones y el capitalismo financiero, a costa de mayores niveles de explotación y de desigualdad de les trabajadores.

El gobierno de Alberto Fernández viene mostrando aciertos en las políticas para gestionar los aspectos sanitarios y económicos de la pandemia. La rapidez con que se decretó la cuarentena permitió preparar el sistema de salud para garantizar la asistencia a todos los casos de contagio. La tarjeta Alimentar y el IFE llegaron a millones de argentines para evitar que caigan en la pobreza, el ATP permitió la protección del trabajo y el sostenimiento de las empresas. Entre las medidas para el sector del cooperativismo de trabajo, los créditos y el Programa de Trabajo Autogestionado fueron clave para que nuestras cooperativas subsistan. Sin embargo, es fundamental avanzar en la planificación y el diseño de políticas que garanticen la reactivación económica con base en lo productivo para la Argentina de la pospandemia.

Las cooperativas de trabajo y la autogestión somos un actor clave para el desarrollo productivo nacional: somos por definición generadoras de puestos de trabajo, y junto a las Pymes constituimos una alternativa a las grandes empresas concentradoras de la economía, cuyo proyecto de país se recuesta sobre la especulación financiera y la flexibilización del trabajo. En este sentido, es clave un programa político que financie la articulación intercooperativa de las experiencias autogestionadas en el armado de cadenas de valor, que permitan el crecimiento de la productividad, den valor agregado y sumen puestos de trabajo, aportando en escala y en competitividad, en sintonía con políticas que potencien las oportunidades de comercialización para abastecer al mercado interno. Se vuelve necesario también garantizar políticas que resuelvan la comercialización en todos los supermercados del país, para llenar las góndolas con productos de la economía cooperativa, autogestionada y popular.

Por otro lado, el mundo avanza cada vez más en el uso de las tecnologías. Con la digitalización se pierden puestos de trabajo y surgen nuevas formas de precarización laboral, que afectan principalmente a les jóvenes, como es el trabajo de plataformas. Desde la autogestión, por el contrario, abordamos el cambio tecnológico desde la óptica de la protección del trabajo. En este sentido, es clave el aporte de las cooperativas tecnológicas en la elaboración de alternativas a la precarización laboral de les jóvenes trabajadores de apps, así como también su papel en la generación de herramientas para el fortalecimiento del sector cooperativo, tanto para la reconversión tecnológica como para el desarrollo de estrategias de comercialización electrónica que amplíen el mercado. 

Desde la autogestión estamos convencides de que la salida a la crisis se construye con más y mejor producción cooperativa, contribuyendo desde el trabajo autogestionado a un proyecto de país más justo e inclusivo.

*Secretaria de FEDECABA

Editor Ansol

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