La caída de la actividad económica restó algunos espacios donde colocar los bienes autogestivos, como los restaurantes. Necesitan incorporar productos de cooperativas al mercado para recuperar la pérdida de la pandemia.

4 de agosto de 2020, CABA (Ansol).- “La pandemia nos afecta mucho. Más aún a las cooperativas. Pudimos seguir produciendo un 30 por ciento, aproximadamente, y con el local abierto, pero al no haber gente en las calles, nadie compra”, lamentó Carlos Visuara, trabajador de la empresa recuperada Arrufat.

El covid 19 llegó a Argentina antes de las pascuas y arruinó una de las temporadas altas.

“Cada uno de los 17 compañeros perdió 13 mil pesos”, aseguró Visuara. La situación de Arrufat se replica en las cooperativas que aportan el valor del último eslabón de la producción: no pueden colocar sus bienes en el mercado.

Sin embargo, en Arrufat ya pasaron por las malas y saben que la esperanza es lo último que se pierde. “Cuando salgamos de esto, por lo menos vamos a poder trabajar de otra manera”, auguró.

Esperan poder llegar a nuevos mercados. “Sería importante volver a estar en supermercados, como antes de la recuperación. Antes, Arrufat estaba en todo el país. Al ser cooperativa, se dificultó. Sería un golazo volver”, sentenció el trabajador autogestionado.

Pandemia y políticas públicas sin integralidad

Francisco Cantamutto, de la Sociedad de Economía Crítica (SEC), explicó a ANSOL: “Las precariedades e inconsistencias que arrastra la economía del país, y que incluyen al sector autogestivo y cooperativo, se ven magnificados por la crisis vinculada a la pandemia”.

Para el economista, el sector autogestivo está logrando cierta llegada al gobierno, pero no logró integralidad dentro de las políticas públicas por parte del sector.

“Muchas de las medidas no contemplaron al sector de primera mano, sino que aparecieron enmiendas posteriores. Se vio en préstamos a tasa subsidiada o el IFE”, desarrolló Cantamutto.

Por eso propone darle prioridad en compras públicas y licitaciones, lo que se hermana con algunas demandas históricas del sector pyme.

“Algunas negociaciones en curso como la que se avanzó durante el gobierno de Cambiemos entre la Unión Europea y el Mercosur, pueden, no solamente favorecer esto, sino empeorarlo al eliminar este tipo de políticas de privilegio que podrían tener relevancia económica o social particular”, explicó.

Durante la crisis de la pandemia, uno de los sectores que más crecimiento alcanzó fue el comercio electrónico: ante la imposibilidad de trasladarse, mucha gente ha recurrido a las compras online.

“Penosamente, no existe un desarrollo sostenido para tratar de evitar el uso monopólico de estas plataformas que privilegian las ofertas propias y de grandes nodos de producción capitalista, lo que siempre genera sesgos contrarios al sector autogestivo y cooperativo. La necesidad de contar con plataformas que coordinen las compras y ventas desde el sector autogestivo, que pueda ser una plataforma propia o una estatal, que entre sus algoritmos de búsqueda privilegie o dé cierto favor al sector autogestivo están como una deuda pendiente, a pesar de que se encuentran diferentes iniciativas a nivel municipal y de organizaciones que deberían estar sobre la mesa”, comentó Cantamutto ante ANSOL.

Maquinaria desactualizadas y tarifas que ahogan

La empresa recuperada Torgelón, que produce embutidos, pudo sobreponerse tras los primeros 15 días de aislamiento en los que menos circulación de gente había. “Lo más duro fue la pandemia de Macri. Veníamos mal, con las tarifas, Macri nos dejó arruinados. Nos llevamos muy poca guita. Las primeras semanas de la pandemia estábamos a punto de no cubrir el banco”, sentenció Víctor Sena, presidente de la cooperativa.  

Después, aumentó el consumo de alimentos a través de fiambrerías, pero cayó notablemente el de restaurantes. Cerca de la mitad de los 54 asociados no está yendo a trabajar por ser población de riesgo. “La venimos piloteando bastante bien”, comentó Sena. Si no producen más, tiene que ver con que la maquinaria no puede ser exigida, ya que nunca la pudieron renovar desde la recuperación. 

El presidente de Torgelón también resaltó que a los patrones de sociedades anónimas y SRL se les dan dos sueldos mínimos para que pague a los empleados, mientras que en las cooperativas se cobra 8500 pesos dos meses y 16500 otros dos meses, como máximo. 

La asistencia no alcanza

Miriam Juaiek, contadora del Centro de Estudios Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), detalló a ANSOL: “Venimos de una crisis económica que se agrava con la pandemia, pero que ya existía. Las cooperativas la venían remando”. 

Juaiek investigó particularmente a las cooperativas de trabajo y se encontró con una profunda dificultad para acceder a subsidios.

“Se les bajaron los ingresos, no hay ayuda del Estado para compensar parte de esa pérdida: En la Asistencia al Trabajo y la Producción no entran. El Programa de Trabajo Autogestionado es mucho más engorroso: Mientras en el ATP las empresas hacen un click en la página de la AFIP y a las dos semanas tienen el subsidio, las cooperativas tienen que presentar todos los papeles certificados. Tardan meses”. 

“También hay inconsistencias normativas que sufren en particular las cooperativas de trabajo para generar espacios de trabajo en este momento de virtualidad: Si estás armando una cooperativa, no podés sacar el CUIT, por lo cual no podés trabajar”, añadió. 

Por otro lado, encontró que los controles hacia cooperativas de trabajos son aún mayores que hacia otras empresas. “Los bancos les prestan plata a quienes tienen plata. Si podés devolverle la plata, te la prestan. Si no, no. Saben cómo no correr riesgos”.

La recuperada Cañada Rosquín no produce más porque le implicaría un gasto en consumo de energía que no realizarían: la empresa de electricidad multa a los comercios que tienen un consumo por encima de lo pactado. 

Como realizan jabones en pan, y la recomendación generalizada es higienizarse permanentemente, el consumo de su producción se elevó. Por eso dejaron de producir otros bienes, como velas, para centrarse en el jabón. Aun así, se topan con el límite de la energía. 

“Para producir de otros productos, nos faltaría personal y tener un mejor sistema de electricidad, donde los costos sean distintos. Necesitaríamos tener una red de gas en la localidad. Eso haría que pudiéramos tener una mejor productividad y bajar los costos”, explicó Magdalena Cabrera, presidenta de la cooperativa Cañada Rosquín. 

Cuando deciden democráticamente si asociar a más gente, pesa más en la elección la abultada multa por excederse en el consumo eléctrico: les cobrarían todo el año el monto del consumo más alto.

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Sa

Editor Ansol

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