Las personas con discapacidad intelectual y quienes tienen padecimientos mentales se organizan en espacios productivos y en un entramado de empresas sociales para hacer realidad el sueño de destruir las lógicas manicomiales. 

22 de julio de 2020, CABA (Ansol).- “La Ley Nacional de Salud Mental de 2013 dice que deben cerrarse los manicomios y sus usuarios deben poder transitar por estos dispositivos que existen, pero desde el Estado no se los promueve”, explicó Victoria Araujo, terapista ocupacional en el taller protegido APHE, en Bernal. 

Ahí, treinta personas con discapacidad intelectual confeccionan ecobolsas, realizan serigrafía, cocinan pan y ofrecen servicio de ensamble, mientras construyen una empresa social. 

Araujo explicó a ANSOL que dispositivos como las empresas sociales existen desde hace mucho tiempo y la ley se creó para legitimarlos, pero agregó que es necesario conocerlos para que se puedan replicar. 

También indicó por qué comenzaron a pensar más en empresas sociales que en talleres protegidos: “Los talleres protegidos se pensaban como espacios de formación donde la persona aprende algún oficio y termina haciendo un trabajo repetitivo y alienante. La idea de las empresas sociales es que esto no sea así, que sea desde lo colectivo, desde lo asociativo”.

“Hay mucho de la construcción colectiva que tiene que ver con los criterios democráticos. Por ejemplo, la asamblea como modelo de que todos tomamos decisiones sobre los trabajos que hacemos”, añadió. 

También se comenzó a cuestionar el término protegido. “¿A quién se protege de quién?”, se preguntó Araujo. Prefieren utilizar el concepto de apoyos profesionales para producir con las facilidades que tiene cada cual, sin exigir de más ni tirar a menos. 

A desmanicomializar

Recibida de la Universidad Nacional de Quilmes, profundizó su mirada sobre la salud mental cuando la compartió y cuando se capacitó en cursos como el de balance social y empresa social. 

“La empresa social es un dispositivo o estrategia horizonte hacia donde se dirigen las acciones, tanto en objetivos sociales como económicos”,  detalló, y recordó sus orígenes y su fin: “Como dispositivo, se ideó en Italia a principios de los 70: Lo usaron las cooperativas sociales como una estrategia de inclusión de personas con padecimiento mental en tanto desean destruir la lógica manicomial.

Destruir esos espacios implica pasar por espacios que les posibilite la vida en la trama social: tener una casa, tener trabajo”.  Por eso, subrayó que el objetivo económico es importante. “Si hay un salario digno, se puede pensar en la externación de las personas con padecimiento mental, en que puedan seguir su vida fuera del manicomio”. 

Tramar una red

Así como el trabajo asociativo posibilita trabajar en lógicas no alienantes, las empresas sociales comenzaron a organizarse en la Red de Cooperativas Sociales. 

“La red sirve para construir un actor social, para que no seamos emprendimientos independientes, sino un colectivo amplio, que también movilice y señale la importancia de crear un sector de cooperativas sociales, que sea estratégico para el acceso de personas al derecho al trabajo”, concluyó la terapista ocupacional.

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sa

Editor Ansol

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