*Carolina Brandariz y Lucía Glimberg

La pandemia que atravesamos estos último meses viene profundizando la crisis sobre cómo la sociedad organiza los cuidados, donde aún cruje el andato cultural que deposita esta responsabilidad sobre las mujeres – pero, a su vez, invisibiliza estas tareas – y se manifiestan las dificultades para conciliar los cuidados con el mundo del trabajo.

En este contexto, donde se modificaron fuertemente las rutinas y las dinámicas familiares y sociales, donde no contamos con instituciones como la escuela que históricamente cuida y educa y son menores las posibilidades de contar con servicios de cuidado, la pregunta sobre cómo se resuelven los cuidados ha vuelto al interior de los hogares. Las tareas de cuidado intensifican las desigualdades sociales.

La crisis del cuidado es aún más crítica en los sectores populares, donde se han acentuado y visibilizado aún más la vulneración del derecho al trabajo y de acceso a una vivienda digna, donde los ingresos insuficientes restringen las posibles estrategias de desfamiliarización de los cuidados y las condiciones de hacinamiento y falta de acceso a servicios básicos como el agua de red también tensan aún más el derecho a la salud en estos tiempos.

En los sectores populares, al no contar con un sistema público de cuidados y medios económicos suficientes para contratar estos servicios – en la mayoría de los casos altamente mercantilizados -, y como aún persiste un déficit en el acceso a la educación inicial y la doble jornada, las mujeres y feminidades diversas son las garantes de estas tareas en su hogar o en espacios comunitarios.

La carencia de salario por la realización de tareas o la imposibilidad de acceder a servicios públicos o privados a tales efectos representa, para estas mujeres una segunda o tercera jornada laboral y/o un obstáculo para mejorar sus condiciones salariales y laborales. En estos tiempos, donde pensamos la “nueva normalidad” tras la pandemia, es cuando tenemos la responsabilidad y la oportunidad histórica de reconocer plenamente el cuidado en su función social, garantizando la provisión y regulación de servicios de cuidados que universalicen el acceso para quienes requieran cuidados y garantice condiciones dignas de trabajo y protección social de las y los trabajadores del cuidado.

Asimismo, se vuelve fundamental la institucionalización de políticas de ingreso universal para aquellos sectores que no perciben un salario a fin de mes o que forman parte del amplio sector de trabajadores precarizados o informales.

En estos tiempos, las políticas de cuidado se deben erguir como un pilar fundamental para motorizar la economía y salir de la crisis en que estamos inmersos.

Los procesos de valorización social y económica de los cuidados deben constituir como políticas que abonen a la reactivación económica, la generación de empleo y la reducción de las desigualdades de clase y género.

Sabemos que la salida a la pandemia nos encontrará en una situación muy adversa en términos económicos. Observamos cómo caen los PBI de los estados nacionales con muchísimo más crecimiento económico que el nuestro. Sabemos a su vez que crecerá exponencialmente el margen de argentinos y argentinas que se encuentren en una situación de pobreza, que se agrega a aquella estructural.

Con lo cual, creemos es fundamental discutir las bases de la reconstrucción de nuestro país como proyecto estratégico que nos impulse a caminar, a salir adelante todos juntos. Sin dudas, este proyecto de reconstrucción estratégico tiene que contener en su seno, una mirada de los Cuidados como iniciativa económica, y con ella, la posibilidad de transformación de la realidad de millones de mujeres trabajadoras.

Directora y Coordinadora de Cuidados Integrales, en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, respectivamente.

Editor Ansol

Ver todos los posts

Deja un comentario

¿Escuchaste el
Micro Radial
de Ansol?

Disponible en:

  • Spotify Podcasts
  • SoundCloud

¡SUSCRIBITE A NUESTRO BOLETÍN!