Los comedores y merenderos no están recibiendo alimentos y los salarios sociales no alcanzan para llegar a la línea que divide la indigencia de la pobreza. En los barrios populares crece el hambre, pero también los contagios, por lo que piden protocolos de abordaje de la pandemia ahí donde no llega ni siquiera el agua.

26 de mayo de 2020, CABA (Ansol).- La UTEP realizó el viernes un banderazo en Plaza Miserere, CABA, para exigir protocolos de abordaje de la pandemia en los barrios populares que se encuentran sin alimentos, sin agua y sin condiciones dignas de aislamiento.

Estuvieron presentes representantes de delegaciones de diferentes organizaciones como Marina Joski, por el Movimiento Popular La Dignidad, Nahuel Casademunt, por UTEP Evita, y el Frente Popular Darío Santillán.

“Desde el primer día de aislamiento, impulsamos mesas de crisis, realizamos relevamientos casa por casa de personas en situación de riesgo, organizamos y repartimos alimentos, triplicamos la cantidad de comedores y ollas con donaciones y solidaridad de los vecinos y las vecinas, construimos protocolos de cuidados y bioseguridad, desplegamos dispositivos de salud que pusimos a disposición y articulamos con los Estados locales, nos pusimos a producir barbijos y alcohol en gel”, contó Joski.

Esto se da en el marco de que no está llegando comida a los comedores y los trabajadores de la economía popular que cobraban Potenciar Trabajo (Salario Social Complementario y Hacemos Futuro) y no recibían Asignación Por Hijo no pudieron acceder al Ingreso Familiar de Emergencia, por lo que, sin poder trabajar por la cuarentena, sus ingresos están por debajo de la indigencia.

Joski explicó a ANSOL la raíz del problema de la IFE en los barrios populares: “La mayoría de nuestras casas son familiares. ¿Qué pasa cuando uno no tiene Salario Social, sí tiene IFE, pero vive con tres familias más? El ingreso de uno impide el ingreso de los demás”.

Por eso, explica que hacen falta estrategias para fortalecer a los sectores que menos tienen. “Hay gran cantidad de personas que a lo sumo cobran 8500 pesos, si es que cobran eso. En la nómina de las organizaciones hay 200 mil personas que ni siquiera cobran el Potenciar Trabajo. No hay altas por baja desde mitad del año pasado. Es complicado porque la mayoría de esos trabajadores de la economía popular vivían al día. La mayoría le está poniendoel pecho a la pandemia sin poder apelar a una paritaria social que haga que no estemos tan debajo de la línea de indigencia”.

El trabajo de cuidado en medio de una pandemia no es remunerado

Las organizaciones sociales elaboraron protocolos para el desarrollo de los comedores y merenderos ni bien comenzó el Aislamiento, pero no pueden hacerlo sin el marco de políticas públicas.

“Ni bien comenzó el aislamiento, nos dimos cuenta de que tendríamos que elaborar protocolos para el desarrollo de los comedores y los merenderos, no solamente con la implementación del barbijo y el aislamiento, sino con la reducción de cantidad de contactos que se dan en un comedor, porque si no tenemos control sobre eso, cae uno y caen todos”, comentó Joski.

Promotoras y promotores de salud formados hicieron registros puerta a puerta de adultos mayores y de personas con factores de riesgo. Relevaron necesidades alimentarias, sanitarias, de trámites y de condiciones habitacionales.

En función de eso, le llevaron comida a sus casas. “En Ciudad de Buenos Aires, ante la exigencia de alimentos secos, con esos relevamientos, logramos repartir casa por casa cajas de alimentos que se suponían que se iban a entregar cada diez días. Esa periodicidad no fue cumplida por el gobierno”, contó la referente del Movimiento Popular La Dignidad – UTEP.

Además, pusieron a disposición la línea telefónica de la central de emergencias villeras para derivar adonde correspondierao aportar información clara,sintética sobre formas de actuar o estrategias de aislamiento.

Contra el dengue, realizaron fumigaciones y descacharreo casa porcasa, sin dejar de exigir que el Estado cumpliera esa función.

Las organizaciones sociales también participaron del programa El barrio cuida al barrio, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, fortaleciendo las postas comunitarias en los ingresos y egresos de los barrios. Allí, tomaban la temperatura, brindaban alcohol en gel, en articulación con ministerios como Educación y Mujer, Géneros y Diversidad.

“Nos pusimos como actores centrales dentro de la estructura sanitaria y de abordaje de la pandemia. Todo esto sin ningún tipo de reconocimiento. Son miles de voluntades y de familias dispuestas a que el Covid19 no ingrese, no permanezca en los barrios”, explicó Joski.

Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires, no solo no se reconoció ese trabajo. “El Estado nos dio la espalda sistemáticamente. En la Villa 31, donde la Secretaría de Integración Sociourbana no quería escuchar razones, se esparció más rápidamente el virus. Cuando se dieron cuenta de que no se podía parar la expansión del virus en el barrio, tuvieron que empezara escuchar y responder a criterios con los que veníamos trabajando”, concluyó.

La economía popular en indigencia

Según los últimos datos del INDEC, una familia es pobre cuando sus ingresos están por debajo de 42594 pesos y es indigente cuando no llega a 17897.

“Hoy el sector de la economía popular está lejos de superar esa indigencia. Sin embargo le ha puesto el cuerpo y el corazón a cada olla popular, las cooperativas rurales continúan produciendo alimentos, las textiles barbijos e indumentaria sanitaria, las cartoneras reciclan para la industria”, enfatizaron desde UTEP.

Por último, contrastaron: “Mientras en los barrios populares crecen el hambre y los contagios, las empresas y empresarios millonarios, que fugaron millones de dólares según datos del Banco Central”.

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Editor Ansol

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