*Deolinda Carrizo

Leticia, mujer campesina indígena, produce en el campo comunitario vacas, cabras, chanchos, gallinas, hortalizas y recoge frutos del monte cuando es la época. Los terneros son vendidos en las carnicerías locales, los cabritos y lechones de forma directa a las familias de los pueblos cercanos. Junto con otras mujeres de la comunidad elaboran los quesos de leche de cabra, escabeche de cabra y dulce de leche de cabra que se venden en la capital de la provincia.

Como Leticia, miles de mujeres y hombres a lo largo del país, producen alimentos para el abastecimiento local. Generan autoempleo y trabajo cooperativo, arraigo en el territorio, desarrollo sustentable y cuidado de los montes y un entorno comunitario que favorece la incorporación de las y los jóvenes a los diversos sistemas productivos campesinos con una transmisión de conocimientos y de ellas y ellos depende que miles de familias accedan a alimentos sanos, cercanos y más baratos de los que se comercializan a través de frigoríficos y grandes cadenas de provisión de alimentos.

Para que este sistema que da vida y alimento a nuestros pueblos y territoios siga siendo una realidad y se multiplique es necesario que Leticia y su comunidad, como así todas y todos los productores de la agricultura familiar campesina indigena, cuenten con acceso a lo servicios básicos como agua, electricidad y comunicación. También un sistema legal que facilite el acceso de sus productos a los mercados locales así como el acceso a financiamiento adecuado que le permita invertir y mejorar su sistema productivo.

Por encima de ello, seguridad jurídica sobre las tierras y territorios en las que históricamente la comunidad y su familia han vivido y producido, y la posibilidad de acceso a la tierra a aquellos que quieren dedicar su vida a la producción de alimentos sanos.

Las y los productores de la agricultura familiar son un sector productivo vivo, dinámico y que ha resistido en las condiciones más adversas para cumplir con su rol histórico.

Hoy, en un país que enfrenta el desafío de recurperarse de un vaciamiento y endeudamiento sin precedentes, la agricultura familiar campesina indígena es parte de la solución colectiva que debemos construir como país.

Dar respuesta a las problemáticas del sector pero, sobretodo, desarrollar al máximo las potencialidades de la agricultura familiar campesinas indígena para poner de pie una nueva Argentina federal, arraigada en el territorio, sustentable y con valores cooperativos y comunitarios y la soberanía alimentaria como horizonte, es parte estructural de las prioridades que tenemos como sociedad.

*Deolinda Carrizo es militante del Movimiento Nacional Campesino Indígena – La Vía Campesina Argentina.

Editor Ansol

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