*Eduardo Amorin

Los productores y consumidores venimos lamentablemente mal acostumbrados a los desacomodos de todas las variables macroeconómicas que atraviesan nuestra vida cotidiana durante los últimos diez años. Ese desorden naturalizado se potenció notablemente con las políticas aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri, y algunas variables incluso han empeorado en niveles inimaginables. Hoy es moneda corriente que vayamos a consumir un producto, sin una noción de su precio de venta, aunque más no sea por aproximación. La dispersión de los valores finales de los productos de consumo hasta dentro de una misma zona geográfica es muy grande. También percibimos esto en los costos de producción, en los que cada precio que compone la cadena de valor va cambiando leve o bruscamente, generando en todos los eslabones incertidumbre y desorientación.

Llegamos hasta acá, no solo por malas y diferentes decisiones, sino también por la suma de diversas políticas cortoplacistas que emparcharon conflictos de fondo. En esta línea la medida postelectoral de baja del IVA logró aminorar el impacto de la suba de precios que generó la violenta devaluación tras el resultado de las PASO. El aumento se trasladó a precios inmediatamente, pero pudo aminorarse desfinanciando de un momento al otro a las arcas del Estado.

A pesar de ser anticonstitucional, porque va en contra de lo expuesto por el artículo 99 de la Constitución que no le permite al Poder Ejecutivo tomar medidas de tipo impositivas sin pasar por el Congreso, generó un respiro en los bolsillos de los consumidores, y en gran parte de los pequeños comercios.

Desórdenes permanente

El problema, como en casi todas las medidas de este tipo, generó otros desordenes en la en la construcción de los valores y los precios. Y por supuesto, pateó el problema y la solución para adelante. Al finalizarse el pasado 31 de diciembre de 2019, el período por el cual regía este decreto, el nuevo gobierno se encontró con un inevitable aumento en los valores finales. Los precios suben y una solución a la inflación, termina generando más inflación.

Solamente las organizaciones de comercialización, las cooperativas de consumo y las cooperativas productoras con venta directa al público, hemos cumplido con los criterios propuestos por el gobierno de no trasladar la grabación del IVA completa al precio final. Pero aun así, la misma inercia inflacionaria encuadrada en este impás que representa para la economía la renegociación de la deuda, está haciendo inviables los costos de nuestras organizaciones. Las primeras marcas remarcan y la dispersión entre los precios de referencia y el resto de los precios reales es cada vez mayor.

Solamente las organizaciones de comercialización, las cooperativas de consumo y las cooperativas productoras con venta directa al público, hemos cumplido con los criterios propuestos por el gobierno de no trasladar la grabación del IVA completa al precio final

Eduardo Amorin. Gerente Cooperativa de consumo Consol.

Precios Cuidados, por un tiempo

En este contexto, el relanzamiento del programa Precios Cuidados, igual que en el 2014 juega un papel importante porque en la búsqueda de la normalización, las primeras marcas construyen precios de referencia en el mercado que pueden ayudar a ordenar el resto de la oferta y evitar que se dispare la inflación más aun. Sin embargo, no podemos dejar de recordar que los valores de la economía o se controlan todos o no se controla ninguno. Tener precios de referencia puede valer para aplacar el fuego pero no es suficiente para apagar este incendio y desandar completo el sendero del desorden por el que venimos transitando. Pensar en Precios Cuidados como algo más que un programa de transición puede ser tan peligroso o más que la quita temporal del IVA.

No nos olvidemos que el colocar primeras marcas como valor de referencia, también eleva el valor de las segundas y terceras marcas, que son las principales abastecedoras, y actualmente más que en otros momentos, de las clases populares. Tampoco regirá el Programa plenamente en los almacenes y autoservicios de la misma manera que en las grandes cadenas, por lo que se necesitarán elementos complementarios que protejan a los pequeños comerciantes y a los consumidores al paso de los que las distribuidoras se abusan continuamente.

Que lo malo no sea costumbre

Entonces volvemos a ver que lo que nos ordena por un lado nos termina desordenando por el otro. Reorientar las variables macroeconómicas es una cirugía compleja, hay que tratar de intervenir rápido y bien, para reparar y sostenerlo, para pasar pronto a lo que sigue. No es fácil dar grandes pasos cuando todo está tan revuelto en una economía altamente concentrada, pero tampoco por eso podemos dejar que lo todo malo que pasa se nos siga haciendo costumbre.

*Eduardo Amorin es gerente de la cooperativa de consumo Consol y tesorero de Fedecaba

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