Lo aseguró Enrique Martínez, titular del Instituto para la Producción Popular, y expresidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Propuso crear cinturones alimentarios alrededor de 200 municipios para producir pollo, leche y frutas y verduras. “Copal es parte del problema”, lanzó.

11 de diciembre de 2019, CABA (Ansol).- Enrique Martínez fue presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Después de trabajar casi 40 años en el Estado, eligió volver a la sociedad civil, desde el Instituto para la Producción Popular. “He optado con mis compañeros de hace varios años en tratar de ocuparme de generación de posibilidades de trabajo independiente para todo aquel que tenga una idea productiva en el país”, contó a ANSOL. Espera aportar para que el trabajo popular tenga la jerarquía que se necesita para contrarrestar y dar opciones frente a un capitalismo cada vez más concentrado.

Para él, Argentina tiene el vicio de pensar en grandes estadísticas nacionales sin acercar la lupa a las particularidades de cada territorio. El ingeniero propone trabajar contra el hambre desde los municipios. Realizar cinturones de producción alimentaria alrededor de 200 ciudades con elementos de fácil instalación: pollo, leche y producción frutícola y hortícola.

“Si se piensa solo el hambre o prioritariamente el hambre, seguramente no se lo eliminará”, lanzó en diálogo con esta Agencia de Noticias. “El hambre es un subproducto de la pobreza, la desocupación. La solución definitiva del hambre es el trabajo para todos”, explicó.

Para eso, Martínez piensa queno hay mejor forma que incluir en el trabajo a quienes producen alimentos como servicio y no como negocio. Sin quitar el ojo de la coyuntura, recuerda la necesidad de atender al fortalecimiento de la pequeña producción, la producción popular.

Recién una vez consolidados esos tres rubros podrían incluirse, según el titular del IPP, las harinas, ya que la producción de trigo en escala modesta de algunos centenares de hectáreas puede ser molido para harina integral de máxima calidad.


“Copal es parte del problema. No es parte de la solución”

Enrique Martínez

“Un cinturón alimentario le da a una comunidad una sensación de fortaleza, de capacidad de producción de una porción relevante de los alimentos que consume que no tiene precio”, aseguró.

Copal y Syngenta

Ante la pregunta de ANSOL, el ingeniero diferenció rápidamente los casos de Copal y de Syngenta en la lucha contra el hambre. “Creo que son dos cosas distintas. Copal es parte del problema. No es parte de la solución”, afirmó, mientras aclaró: “El caso Syngenta es distinto”.

“No veo que Copal pueda ser parte de la solución cuando ha acompañado activamente el proceso de concentración de la industria alimenticia desde los últimos 20 años. Si nosotros hoy tenemos tres grandes productores de pollo y dos grandes productores de lácteos, Copal no es ajeno a eso. Toda la reglamentación láctea ha avalado el crecimiento de la concentración en desmedro de las pequeñas industrias lácteas y las políticas comerciales, ni hablar”, argumentó.

Para Martínez, las políticas comerciales de las grandes empresas, por ejemplo, tienen responsabilidad en el hambre. “Las comidas desaparecieron por exigir a los comerciantes minoristas que compren paquetes completos de lácteos y no puedan comprar una leche en sachet aislada, lo cual significa que el productor de leche en sachet no tiene destino. No hay ningún productor solamente de leche en sachet en Argentina”, ejemplificó.

Syngenta, a su modo de ver, es diferente. “Escuché con detalle la opinión del CEO de Syngenta. No es una expresión corporativa. El CEO de Syngenta habló de que estaba hablando a título personal”, subrayó Enrique Martínez.


“Las cooperativas tienen que entender que el sentido de la cooperativa es distinto a una empresa de negocios cualquiera, y la comunidad a la cual la cooperativa va a abastecer tiene que respetarla jerárquicamente como un hecho positivo que la enaltece y la acerca a la soberanía alimenticia”.

Enrique Martínez

A su vez, sostuvo que coincidía en que las corporaciones donen un porcentaje de sus beneficios o de sus ingresos para capitalizar cinturones alimenticios tales como los que él mismo propone. “El CEO de Syngenta sostuvo el beneficio de tener cooperativas de producción de alimentos y mencionó expresamente los pollos, los lácteos y las frutas y hortalizas en los alrededores de ciudades. No parece una mirada a subestimar, ni a despreciar ni a confrontar”, agregó.

“Me parece que claramente Syngenta, Cargill tienen una cantidad de deudas con la sociedad argentina en cuanto a lo que representan en su participación a la exportación de granos del país. Pero cuando aparece un alto ejecutivo de Syngenta y propone eso, yo lo escucharía e invitaría a que ayude a implementarlo. Crear cooperativas de producción de alimentos en los cinturones de las ciudades no es una cosa que sea soplar y hacer botellas. Ahí hay un fenómeno económico importante a instrumentar. Un Estado que debe proteger a esos grupos nacientes para que no sean simplemente abosrbidos por le mercado en los términos en que el poder económico está dispuesto a hacerlo. Además hay un tema de estructuración social. Las cooperativas tienen que entender que el sentido de la cooperativa es distinto a una empresa de negocios cualquiera, y la comunidad a la cual la cooperativa va a abastecer tiene que respetarla jerárquicamente como un hecho positivo que la enaltece y la acerca a la soberanía alimenticia”, concluyó.

Ley de Góndola

Desde el IPP han sido críticos sobre la Ley de Góndolas. “Hemos creado una ley que genera una serie de expectativas que yo no quiero abonar”, declaró.

Para Martínez, el comercio minorista está atado a leyes del supermercadismo como la forma de comprar, de seleccionar productos y de establecer ofertas. Eso impide que llegue la producción popular.

En ese sentido, polemizó: “Hay una necesidad financiera que va más allá de la exhibición en góndola. Aquellas instituciones que han distorsionado totalmente la comercialización minorista a favor de lo que podría ser un macronegocio no pueden ser las que lleven adelante un sistema nuevo de promoción de la producción pequeña”.

La producción pequeña debe ser estimulada a través de mecanismos enteramente como ferias populares administradas sin la voluntad de negocio intermediario, sino que cobre una simple comisión por la ese trabajo.

“La ley de góndola, en definitiva, es una puja entre productores y mayoristas medianos y pequeños y los híper. Ahí la producción no está pujando, no compite en eso”, aseguró.

Permitida su reproducción total y/o parcial, citando debidamente la fuente. 

sa

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