En el área metropolitana, el 2,90% de los niños tiene bajo peso; el 23% tiene sobrepeso; y el 17,30%, obesidad. El trabajo en salud desde un comedor.
12 de septiembre, CABA (Ansol).- «Con la emergencia alimentaria podríamos comprar nutrientes que hoy no tenemos, leche, yogur, verdura, carne, pescado. Todos los días acá se va un papá sin comida», explicó Lorena, responsable del Centro Comunitario de Barrios de Pie en Villa Inflamable, Avellaneda.
El informe de esa organización, que realizaron con más de 13 mil chicos que asistene a sus comedores, detalla que existe, en el área metropolitana de Buenos Aires, un 23 por ciento de chicos con sobrepeso, un 17,3 por ciento obesidad y 2,9 bajo peso.
Entre quienes están en edad lactante, más del 25 por ciento tiene exceso de peso.
Entre 0 y 19 años, la estadística muestra un 42 por ciento con malnutrición.
Los chicos golpean las puertas de los comedores para exigir comida. En el caso del Centro Comunitario de Villa Inflamable de Barrios de Pie, son ochenta menores que van todos los días en diferentes turnos. A eso se les suman sus familias, que cada vez van más. «A veces nos quedamos nosotras sin comer, o llega un padre y ya no le podemos dar nada», lamentó Lorena.
El comedor implica que a la mañana vayan los primeros militantes a buscar la leña para hacer la comida en el fuego. «Ya no nos quedaba otra. La garrafa está a 550 pesos y nos dura menos de 15 días porque hacemos dos comidas al día», contó.
«Después del almuerzo ya se quedan otra tanda de compañeros a la tarde para hacer la merienda. Después hay que limpiar. Y así todos los días».

Crédito foto: Ansol
Piden donaciones en las verdulerías, carnicerías. «La gente es muy solidaria cuando vas, hablás y mostrás lo que hacés. Nosotros invitamos a que vengan a ver nuestro trabajo», explicó Lorena.
Los chicos comen guiso, estofado, alitas fritas. «Nos preocupa porque lo que están comiendo los chicos es harina. Leche no nos bajan desde hace 4 meses. Está muy cara, pero los chicos te piden», dijo preocupada. «Lo frito es lo que tenemos. Garrafa para el horno no tenemos. El agua está contaminada. Los compañeros todos los días van a buscar 10 bidones de Acumar, pero no alcanza para cocinar y tomar».
En el mismo centro comunitario hacen almohadones, frazadas, repasadores.
«La sufrimos todos los días acá, por eso también venimos a ayudar. Una mano no es lo mismo que diez. Nosotras queremos inculcar eso», declaró.
También funciona un espacio de salud en el que toman los datos de malnutrición del os chicos. «Cada vez vienen más chicos, vienen más familias y cada vez están peor alimentados. Este año hicimos el primer informe. Lo que vimos es que en seis meses ya se notaba un empeoramiento. 54,7 por ciento de los chicos están malnutridos. Eso pasa en toda la Provincia de Buenos Aires. Por lo que la familia puede sostener, la harina es lo más barato», detalló Lorena.
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Jésica, del equipo de salud, contó a ANSOL que dos vece al año hacen el relevamiento del índice de masa corporal de cada chico. «Tratamos de charlar con los padres y con la salita para ver cómo ayudar. Pedimos que sea ley urgentemente la emergencia alimentaria. Eso podría darnos una mejor alimentación para los chicos, con más verdura, carne, pescado, todos los nutrientes que necesitan los chicos. Se ensucian mucho por los caminos de tierra para venir a comer igual. Así como primero venían solo los más chicos, después vinieron las madres, después se animaron a venir los padres. Ahora vienen también los abuelos», explicó.
También les enseñan a las familias a combatir y prevenir enfermedades y virus como el dengue.
Lorena llevaba a sus dos nenes a un centro comunitario. «Surgió la necesidad de salir a buscar porque no teníamos para comer. Mi marido hacía changas de pintura», contó Lorena a ANSOL. Hoy milita, trabaja y estudia a partir del Movimiento Barrios de Pie.
«Es muy importante estudiar. Eso lo transmito a mis vecinos y familia», agregó.
«Tenemos muchas compañeras que se capacitan acá porque en los programas sociales (Hacemos Futuro) te mandan a estudiar a Wilde o a lugares lejos, y se dificulta cuidar a los chicos, pagar el pasaje. Por eso prefieren estar en un centro comunitario y capacitarse en textiles o panaderías de los centros comunitarios», desarrolló.
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