(Ansol).- «El Estado tiene que dar un paso más allá y gerenciar los proyectos. Lo que se hizo junto a la cooperativa Payún Matrú fue posible porque había investigadores del Conicet que trabajaron con la comunidad, la orientaron para presentar las solicitudes de fondos y hubo, por parte de los trabajadores del Ministerio, una voluntad muy grande para estructurar estas propuestas», expresó el ministro Barañao.

Además, consideró que el sistema científico argentino podría contribuir con un impacto fuerte y positivo sobre la economía popular.

El proyecto de hilado de fibra de guanaco fue pensado y desarrollado por la cooperativa de trabajo Payún Matrú, que trabaja en el arreo de guanacos para esquila sin procesar la fibra.

La planta contó con el subsidio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, en colaboración con el Conicet, el Instituto Nacional de Tecnologia Industrial (Inti) y la municipalidad local.

La planta genera un producto de alta calidad, con un valor en el mercado de 700 dólares el kilo, cien veces más que la lana de oveja.

En Catamarca también

En la localidad catamarqueña de Londres, también se puso en valor a la «última ciudadela inca» El Shincal, un lugar de enorme atractivo turístico que sólo era conocido por los arqueólogos.

También junto al Ministerio de Turismo se mejoró la infraestructura y se montó un museo, con lo que se espera el incremento del turismo en la localidad, con el beneficio consecuente para los pobladores.

Barañao señaló ante Miradas al Sur que estas dos localidades «jamás habían recibido nada del sistema científico» a la vez que reconoció que «queda mucho por hacer en lo que tiene que ver con las economías regionales y la posibilidad de diferenciar sus productos para poder entrar en condiciones ventajosas a los mercados».

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