Por Natalia Quiroga Díaz*

Juntas, en el 3 de junio mostramos la manera en que la violencia femicida es inseparable de la dimensión económica que se ha cobrado la vida de por lo menos 1100 mujeres desde el primer Ni Una Menos, hace cuatro años. Las mujeres que en el sistema patriarcal tenemos la obligación del cuidado terminamos irremediablemente enfrentando a la economía narco, al defender la vida de quienes queremos en nuestros lugares, y al enfrentar el ajuste estructural que devora nuestro tiempo que se nos va en tratar de garantizar las necesidades que demanda la sostenibilidad de la vida.

En el contexto de la marcha de Ni una menos las madres de Lucía Pérez, Araceli Fulles y Melina Romero rehacen juntas una historia común atravesada por la acción de una policía interesada en el vencimiento de las pruebas, el encubrimiento de los agresores y un aparato judicial que de manera eficaz criminaliza a las testigos.

La madre de Lucía Pérez, mientras se presenta la Ley de Emergencia ante la violencia femicida en el Senado de la Nación, afirma: “Este Estado es responsable del femicidio de mi hija, este Estado es el responsable de lo que hizo con mi hija. El Estado sabía que se vendía droga en los colegios, el Estado lo sabe que en los colegios se vende droga. No hicieron nada, no les interesa: mientras ellos están resguardados, no pasa nada”

Lo que denuncia Marta es nada menos que la trama neoliberal que impera en Argentina hoy. El control territorial de las periferias está siendo tercerizado por el Estado a las bandas narco que garantizan el control y disciplinamiento de la población a la vez que sostienen una eficaz política tributaria garante de la impunidad que financia a la policía en toda su jerarquía, al aparato judicial con sus jueces y fiscales. Esta economía narco es coproducida en el contexto del ajuste estructural que, entre sus “logros”, presenta 11 meses de caída en la actividad económica a marzo. En este mes la caída interanual es del 7% según las cifras del INDEC, deteriorando así todas las actividades productoras de empleo remunerado, en especial la industria manufacturera, el comercio mayorista y minorista.

Por ello, el desempleo se ha convertido en la cotidianeidad de los centros urbanos y sus periferias. En este contexto de brutal recesión, los precios no encuentran techo y de marzo de 2018 a marzo de 2019 la inflación alcanza 54, 8%. No obstante, no todos los sectores pierden. “Las entidades financieras embolsaron en marzo 70 mil millones de pesos por inversiones en Lelic, las letras de corto plazo que emite el Banco Central”, explica en una nota Página 12. También sumaron 52 mil millones de pesos por el negocio de los préstamos al sector privado. Esta situación muestra una distorsión notable_ el principal negocio de los bancos debería generarse a partir de canalizar los depósitos de los clientes para prestarlos a empresas e individuos a cambio de una tasa de interés. Pero en la economía macrista las principales ganancias bancarias se acumulan por invertir en las letras que emite el Banco Central con tasas de más de 70 por ciento anual. Sólo en el último año la rentabilidad de las entidades financieras subió 220 por ciento.

Estas economías se sostienen la una a la otra. La mamá de Araceli, en su relato desgarrador de lo que tuvo que soportar en los 27 días que estuvo buscando a su hija, cuenta cómo el cuerpo de Araceli, sin rostro por la acción de la cal y a la que reconoce por los risos negros, es encontrado por la tenacidad de su hermano guiado por los perros prestados solidariamente por los bomberos de la localidad. Así, un joven de 22 años encuentra el pie que había sido desenterrado por los cerdos mientras que la policía intentaba alejarlo del lugar… Esa misma madre afirma: “El lugar en el que encontraron el cuerpo de mi hija es territorio narco: nadie entra y sale del lugar sin que ellos lo autoricen”.

La experiencia de la humillación y la constatación de la injusticia que sufren las madres y las familias víctimas de femicidio, que además están sometidas a las amenazas y la intimidación de las economías narco, nos lleva como movimiento feminita a ir más allá de la denuncia.

En un país en el que cada 29 horas una mujer es asesinada, las marchas hacen visible la manera en que la violencia patriarcal atraviesa todas las dimensiones de la vida cotidiana de todas las mujeres. En la marcha están las víctimas del femicidio, pero también los rostros de las desaparecidas por las redes de trata. En esta misma marcha las trabajadoras se pronuncian contra la derogación de las jubilaciones para amas de casa.

Este gobierno embarga la vida de las mujeres, nuestro tiempo y energía. Las mujeres que en el sistema patriarcal tenemos la obligación del cuidado, en las periferias terminan irremediablemente enfrentandas a la economía narco, al defender la vida de quienes quieren, y oponiéndose al ajuste estructural que devora el tiempo vital que se va en tratar de garantizar las necesidades que demanda la sostenibilidad de la existencia.

La violencia en contextos de ajuste estructural nos pone en doble riesgo al defender las condiciones de vida frente al despojo neoliberal y a la vez, en el riesgo de desafiar los preceptos de la mujer obediente que demanda el neoliberalismo. Los cuerpos desobedientes a los mandatos hegemónicos que coinciden en la juventud son considerados botín de guerra para las mafias

Por ello, una de las preguntas que nos hacemos es de qué manera el acrecentamiento de la violencia contra las mujeres y los femicidios se relacionan con los indicadores de recesión, desempleo y ganancias extraordinarias de los bancos y de los agroexportadores.

¡El Estado es responsable! Lo dicen una y otra vez las madres a las que la violencia les arrebata sus hijas.

Son responsables el Estado Nacional y sus derivas provinciales que promueven una cotidianeidad del orden que imponen las economías de la trata y del narcotráfico para garantizar un control social que siga resistiendo al ajuste estructural y sus políticas de empobrecimiento.

Al estar juntas el 3 de junio mostramos la manera en que la violencia femicida es inseparable de la dimensión económica que se ha cobrado la vida de por lo menos 1100 mujeres.

Cómo dice la madre de Lucia: “No se lo vamos a permitir más. Por Araceli, por Melina por Lucía. No vamos a seguir contando muertas. Si la justicia piensa eso de nosotras esta muy equivocada: no saben el avispero que destaparon, no tiene ni idea lo que le podemos hacer las mujeres”.

 

*Natalia Quiroga Díaz es Economista por la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Planeación y desarrollo regional (Universidad de Los Andes, Colombia) Magíster en Economía Social y Solidaria (Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina). En la actualidad es investigadora docente y Coordinadora Académica de la maestría en Economía Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

Es autora del libro “Economía Pospatriarcal. Neoliberalismo y después” editado por Cooperativa Lavaca que se encuentra en preventa acá: https://www.tiendamutante.com.ar/preventa-cuadernillos-feministas/

 

Editor Ansol

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