La autora de Malcomidos y Mala Leche, Soledad Barruti, desarrolló ante ANSOL el rol que deja a las mujeres la maquinaria de marketing y publicidad que activan las grandes corporaciones para llevar productos ultrarrefinados a las mesas de los consumidores.

3 de Junio de 2019, CABA (Ansol).- «Las principales víctimas del sistema alimentario son las mujeres», contó a esta Agencia de Noticias Soledad Barruti, autora de los libros Malcomidos y Mala Leche.

Históricamente, en la producción alimentaria, siempre fueron las guardianas de semillas y quienes más conocimientos y saberes tenían respecto de la tierra. Sin embargo, el sistema que pretende desplazar a la agricultura no las toma en cuenta  como actores. «Las desplaza o las contrata en condiciones de absoluta esclavitud e injusticia», aseguró Barruti.

En todos los indicadores que muestran cómo está roto el sistema alimentario, las mujeres siempre somos las principales víctimas: en la cadena productiva, en la distribución de tierras, en las enfermedades que afectan a las personas que consumen estos alimentos. «Somos quienes terminamos garantizando los alimentos en el hogar y poniéndonos a disposición del circuito», enfatizó.

Ser madre

«La maternidad aparece de varias maneras a la hora de alimentarse bien o mal. Al ser madre, perdés la capacidad de trabajar de la misma manera que si no lo sos. Este sistema te pide que seas muy madre y muy fuerza laboral a la vez. Con la maternidad nos descapitalizamos», dijo.

Por otra parte, en cuanto al consumo, señaló que en un sistema que  propone al supermercado como el espacio de consumo, sin dinero es muy difícil vivir y ahí se encuentra a la mujer con una injusticia, ya que cobran, promedio, 27 por ciento menos que el varón

Además, con un niño en la casa, indicó, ingresa una gran maquinaria del marketing, publicidad y sugestión de consumo. «Hoy en día, en esos hogares, 75 por ciento de las compras del hogar las digitan los niños. En las casas donde hay niños entran más los productos ultraprocesados: galletitas, postrecitos, yogurcitos. Son como otra especie a las que hay que comprarles cosas especiales», detalló.

Una nueva relación con los alimentos

«Una piensa que lo que está señalado para un chico: con más nutrientes y más sabroso. Ingresa lo peor de lo peor: más caro, más azucarado, más innecesario. Eso es transversal a otdos los niveles socioeconómicos. En las clases más acomodadas, la pulsión de consumo está dada por la competencia por nutrientes -más desarrollo mental, más huesos fuertes-. Se ve mucho en las leches artificiales. La marca aparece como un aspiracional muy fuerte. En los sectores más vulnerables, la semana en la que ingresa el plan social, se dispara el consumo de yogures. Se da lo mismo en la Ciudad de Buenos Aires y en una comunidad indígena de La Quiaca», concluyó Barruti.

 

Editor Ansol

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