Madygraf repite medidas de fuerza contra los aumentos en las boletas de electricidad, gas y agua. Trabajadores e investigadores coinciden en que el tarifazo es un intento de golpe de gracia a la industria y, en particular, a las cooperativas de producción.

9 Nov, CABA (Ansol).- Más de un millón de pesos es el monto de la última boleta de luz que deberá pagar la empresa recuperada Madygraf, por lo que hoy cortaron la Panamericana altura Garín, frente a la planta de la gráfica.

Ante la presencia de gendarmería, mostraron los cuadernos que producen, pero que podrían dejar de hacer debido a los altos costos de electricidad.

La situación es angustiante para los 150 trabajadores de la gráfica, que al igual que el resto del sector, debe lidiar también con la caída de las ventas y con los recortes en los programas de apoyo estatal.

José Ponce, trabajador de Madygraf, contó a Ansol detalles de la realidad de la empresa: “Estamos haciendo distintas acciones para tratar de ser escuchados por el Gobierno, pero no tenemos respuestas. Una factura de un millón cien mil pesos significa casi 7500 menos para cada trabajador. Es una locura”. Ponce contó que además “hay cada vez menos impresiones; por ejemplo, Atlántida, que es nuestro principal cliente, ha bajado los pedidos”.

Los gobiernos tampoco colaboran: “Pedimos al Estado que nos mande trabajo (impresión de folletos, libros, cuadernos y una larga lista de etcéteras en servicios que el Estado requiere habitualmente), pero tampoco nos manda nada”.

Para completar el combo, la secretaría de Trabajo canceló la línea 1 del Programa de Trabajo Autogestionado (PTA), que significaban un ingreso a cada cooperativista.

En su lugar, el ministerio de Desarrollo Social los incluyó en el Salario Social Complementario (SSC), pero Ponce lamentó: “El SSC es más exigente con los requisitos y muchos compañeros se quedaron afuera”.

Todo esto derivó en una fuerte pérdida en los retiros de los trabajadores, en el marco de una inflación anual proyectada del 50 por ciento.

Pablo Peláez, integrante de Facultad Abierta, un programa de la Universidad de Buenos Aires que sigue de cerca la realidad de las recuperadas y que acaba de publicar un detallado informe sobre la realidad del sector, dio a Ansol su punto de vista: “La política tarifaria es claramente el problema más urgente que tienen las recuperadas. Y esto articula fuerte con la caída del consumo a nivel general. Esto significa que no sólo se ve afectada la dinámica de la producción, sino también el retiro de los compañeros. Por lo cual, las recuperadas sufren un doble impacto”.

El especialista aseguró: “Se exige que el Estado tenga una política específica para el sector respecto a este tema, que hasta el momento no la ha tomado, pese a los incesantes reclamos. Apenas respondió a casos puntuales cuando los conflictos recrudecieron y los trabajadores tomaron oficinas”.

Tarifas, ¿el tiro del final a las recuperadas?

Entre luz y gas, Textiles Pigüé paga facturas que superan los $ 800 mil, teniendo a la energía eléctrica como principal insumo.

También entre luz y gas, la recuperada de San Martín, Cueroflex, adeudaba a septiembre último unos 8 millones de pesos.

Estas empresas son de las más grandes del sector y cuentan con más de 100 trabajadores, pero las tarifas también golpean a los emprendimientos más pequeños: el restaurante cooperativo Lo de Néstor (cuenta con una decena de socios) acusó en el último mes una factura eléctrica de $ 75 mil.

¿Dejar de producir por supervivencia?

Los trabajadores de Vitrofin constituyen uno de los casos más sensibles: en mayo de este año (antes de la última actualización tarifaria), llegaron facturas de gas de $ 300 mil, que los obligaron a apagar los hornos; es decir, a cancelar la producción.

Unos meses más tarde, con mucho esfuerzo, volvieron a encenderlos, pero otra vez las facturas monstruosas los pusieron en jaque.

Por estos días, piensan en volver a apagarlos, aunque no saben aún si de manera momentánea o permanente.

Otras empresas que sufren con las tarifas de gas son las fábricas ceramistas de Neuquén como Fasinpat (ex Zanón), Cooperativa Confluencia (ex Cerámicas Neuquén) y Cersinpat (ex Stefani), cuyos trabajadores pasan tanto tiempo cumpliendo sus tareas habituales como reclamando en las rutas.

Cersinpat paga por estos días unos $ 600 mil de luz, mientras que debe más de un millón y medio de pesos de gas.

Por su parte, Fasinpat llegó a pagar facturas de gas por encima de los $ 8 millones.

Editor Ansol

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