La cooperativa Mamita Salinas compró una pala cargadora, por medio de un subsidio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, que le permitió permanecer en la cuenca donde se sienten cómodos los 28 trabajadores.

Mamita Salinas nació cuando un trabajador de las Salinas Grandes que extraía sal y las llevaba a la quebrada decidió colectivizarse para que toda la zona fuera beneficiada.

“Tenemos la sal de primera calidad para consumo, que es la sal de piletas, y la de segunda calidad, para industria, que es la sal de arrastre”, contó la trabajadora asociada Verónica a la prensa de Inaes.

“Es más seguro para nosotros estar aquí con nuestros hijos, teniendo trabajo. Yo me siento re contenta trabajando en la Mamita, que es parte de mi familia. Compartimos trabajo, alegría y risas”, cerró Verónica.

Editor Ansol

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