(Ansol).- Organizaciones de consumidores y comercializadoras populares comenzaron a distribuir banana formoseña para promover las economías regionales y para mostrar vías de resolución de la restricción externa.

Más Cerca es Más Justo, Consol, el Mercado de Consumo Popular, Mercado Territorial, Almacoop, La Cámpora, entre otras organizaciones están pagando más del quíntuple a los productores -de 15 a 80 pesos por cajón de 22 kilos-, y el precio llega a los nodos y tiendas de Buenos Aires más barato que en verdulerías.

“Estamos viendo cómo podemos agregar artículos. Las economías regionales la están pasando mal, por lo que decidimos apuntar ahí. En Formosa se organizó un bananazo el año pasado. En la puerta de la gobernación tiraron toneladas de la fruta para mostrar que el precio al que la están vendiendo no les sirve para nada”, contó Alfredo Sabino, del programa Más Cerca es Más Justo.

El ingeniero del INTA Gerardo Tenaglia, especialista en frutas tropicales, está promoviendo este circuito de producción y comercialización para contrarrestar las 350 toneladas anuales que se importan de Paraguay, Bolivia, Ecuador y Brasil, incluso en la provincia donde hay una producción de dos millones de cajones.

La banana que se consume en la región metropolitana de Buenos Aires es importada; es cosechada prematuramente para poder ser exportada, por lo que el proceso químico no se completa.

En Formosa no se necesita utilizar insecticidas y se hacen solamente entre 3 y 4 aplicaciones por año para protegernos de la única plaga peligrosa (Sigatoka Amarilla); en Ecuador y Costa Rica las fumigaciones por avión son semanales fruto de la peligrosa Sigatoka Negra, junto con el uso frecuente de insecticidas y fertilizantes.

Restricción externa

La política de importación de fruta que se podría comprar a productores locales aporta a la problemática de la restricción externa: aproximadamente se importan 100 millones de dólares anuales de banana, mientras los agricultores locales tienen que desechar su producción.

Argentina cuenta con una balanza de comercio externo desequilibrada que importa más de lo que exporta.

A esto se le suma una fuga de capitales que el primer cuatrimestre de 2018, cuando recién comenzaba la corrida cambiaria, ya había sumado 8960 millones de dólares, y el problemas climáticos como la sequía, que se le añaden a la falta de liquidación de granos.