(Ansol).-  Juan es educador de lengua y literatura en el Bachillerato Popular Germán Abdala, donde ayer hubo clases especiales, que giraron alrededor del proyecto de ley que cerraría los 29 institutos de formación docente porteños.

Pese a la falta de docentes en el nivel primario y medio, la Legislatura tiene en sus manos un el proyecto que crearía una universidad docente y cerraría todos los profesorados existentes.

“El ministerio de Educación, desde hace unos años, viene imponiendo reformas reformas en nuestros planes de estudio sin respetar la autonomía de las instituciones, ni escuchar a la comunidad educativa. Creo que en un proyecto de reforma serio deberían estar involucrados todos los actores en juego. Estoy seguro de que los docentes del Joaquín V. González, por poner un ejemplo, donde yo estudio, tienen algo que aportar a esta discusión. Probablemente mucho más que los supuestos expertos que propone la cartera. Esta vez ni siquiera sabemos quiénes son esos especialistas, porque el proyecto de ley no explica nada, y vienen negándose sistemáticamente a dar esa información”, declaró el educador del bachillerato de La Boca.

Para él y para los miles que marcharon ayer entre el Palacio Pizzurno y el ministerio porteño, la política gubernamental es descabezar y desorganizar a los docentes y estudiantes.

“Hoy hay participación estudiantil y de todos los estratos docentes en los órganos de gobierno de los institutos, eso está negado en este proyecto. Pretenden poner un rector a dedo, y toda la organización interna pasa a depender de él. Nos ponen una tapa”, explicó.

Los 16 artículos propuestos por el Gobierno de la Ciudad en la ley especifica que la Universidad de Formación Docente queda bajo la órbita del Ministerio de Educación de la Ciduad, menciona la autonomía académica e institucional y la autarquía económica, financiera y administrativa, pero indica que el estatuto será redactado por el rector, designado por el Poder Ejecutivo “o sea, a dedo”, repuso Juan.

Además, tal como indicó la consigna de la comunidad educativa que defendía a los profesorados, el proyecto de ley deja en claro que se autoriza al PE a transferir a la UniCABA todo el nivel terciario de gestión estatal de las Escuelas Normales Superiores, Escuelas Superiores de Educación Artística, Escuela de Maestros y los Institutos de Formación Docente.

“El objetivo, más que la argumentada jerarquización docente, parece ser más bien, por un lado, la centralización política y la imposición de funcionarios afines, y por otro el liso y llano ajuste fiscal, en sintonía con la tendencia de todas las políticas a nivel nacional” analizó el docente popular y estudiante del Joaquín González.

Antidemocrático

La ley de educación habla de la necesidad de consultar con la comunidad cualquier reforma, pero la metodología de intervención sobre planes de estudio y formación se repite: presentación de un powerpoint vago, sin precisiones, y aplicación por decreto o por ley de las modificaciones pretendidas.

Estigmatización
La repetición de que los educadores están poco formado y faltador contribuyó a la idea que usó el Gobierno para presentar el proyecto: la jerarquización.

“Nunca hubo mención a un proyecto pedagógico, no hay detalles, lo único que se dice es que está todo por hacer. El plan para jerarquizar la formación docente, superador de instituciones con más de 100 años de trayectoria, es una estructura vacía. E insisto en que no se sabe quién pensó este proyecto, si es que alguien lo pensó, ni está del todo claro el perfil de docentes que persiguen. Sobreentendemos que viene por el lado de la Secundaria del Futuro, que es puro marketing”, dijo Juan.

Ese plan creó pasantías gratuitas, generó sobrepoblación edilicia y la precarización del rol docente con la creación de la figura del “facilitador”.

En ese mismo sentido, precisó: “Hablar de necesidad de reforma y jerarquización sin hablar de salarios ni condiciones de trabajo, del estado de las escuelas ni de presupuesto, es echarle encima a los docentes la carga de todos los fracasos en política educativa en los últimos años. Esto no es inocente. Vienen trabajando hace tiempo en dejarnos como los malos de la película. Al final, son ellos los primeros que desprestigian lo que pretenden querer jerarquizar. Supongo que es más fácil y más barato que invertir un peso más en infraestructura de las escuelas, en una vianda digna para los pibes, o un boleto estudiantil que nos alcance a todos, una guardería para que las estudiantes que tienen hijos puedan seguir estudiando, o un programa serio de becas para que el futuro docente no tenga que trabajar nueve horas antes de entrar a clases y pueda terminar de estudiar en tiempo y forma. Quizás ayudaría con la altísima deserción en el nivel terciario y las bajas tasas de egreso. Que por alguna razón, no son mucho más altas en las universidades”.

Los 100 años de historia participativa de los profesorados todavía vigentes sería borrada sin debate.