(Ansol).- Desde febrero pasado, educadores de los bachilleratos de las organizaciones Movimiento Evita, La Poderosa, La Dignidad y Seamos Libres se encontraron en la sede de la CTEP Capital para fortalecer la integración de espacios de educación popular tales como bachilleratos o jardines populares, alfabetización y talleres de apoyo escolar.

El último sábado se sumaron educadores de Los Pibes, Patria Grande y MTL Rebelde, y esperan que se sumen más organizaciones que están fuera del marco de lo estatal y pretenden colaborar a un frente de unidad gremial.

Así, la economía popular empieza a pensar la educación, para la que con estas reuniones se inauguró una secretaría de la seccional porteña de la CTEP.

Los bachilleratos

Agostina Betes, educadora de los bachilleratos del Movimiento Popular La Dignidad, explicó a Ansol: “Las dinámicas que se dan en estos espacios coinciden con las de la economía popular: somos horizontales, somos autogestionados, somos comunitarios. Eso hace que nos salgamos de las particularidades de los espacios educativos de la gestión estatal. Muchos de nosotros estamos reconocidos por el Estado, pero no con nuestras propias particularidades de funcionamiento”.

Todas estas organizaciones coinciden en que la educación pública está siendo desfinanciada por los gobiernos macristas tanto en Nación como en Ciudad y que hace falta hacer confluir las peleas de cierres de profesorados, falta de vacantes, paritarias a la baja, estigmatización de la docencia, no reconocimiento de los bachilleratos populares y falta de financiamiento integral para la educación popular, así como el vaciamiento del programa Fines, entre otras.

Además, producto de luchas que ya se venían dando en ese sentido, cinco docentes se encuentran sumariados -Patricio Torras, Lucila González, Damian Drescher, Juana Carmen y Julia Odelli-.

En ese sentido, Betes resaltó: “La marca del espacio es la unidad. Venimos a hacer frente con propuestas, reclamos, luchas y marchas, al ajuste. Desde las organizaciones sociales necesitábamos este espacio de articulación”.

Este espacio, entonces, se propone aumentar la visibilidad de los bachilleratos, y después avanzar en luchas por financiamiento integral, reconocimiento como espacios de la gestión social.

Los jardines populares

Los jardines populares del Movimiento La Dignidad comenzaron hace ya 15 años, a partir de la necesidad de vecinos beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar, que muchas veces ligado a los comedores preexistentes en los barrios, pero que no tenían dónde dejar a sus hijos para dar la contraprestación del programa social.

En ellos, el Estado paga los salarios de profesores y profesoras, iguales a los de gestión estatal, por lo que la organización no tiene la presión de conseguir más o menos chicos y chicas para que el proyecto sea sostenible, como sí pasa en los Centros de Primera Infancia, donde el monto del subsidio es proporcional a la cantidad de niños y niñas.

“Los jardines que están conveniados, por un lado, funcionan bien. Por otro lado, están en riesgo todo el tiempo. El achicamiento de los programas en todas las áreas es terrible y el programa del que dependen esos jardines no es la excepción. Año a año se achican y desde los últimos 7 u 8 años hemos perdido cargos o materiales para los chicos. Pero, la contención que les da la organización a las familias hace que funcionen bien”, contó Patricio Torras, coordinador de los jardines.

Lucha por el POF

Torras, profesor de nivel inicial, también describió el problema de la Planta Orgánico Funcional: “Es un tema complejo porque, por un lado, asegura y da seguridad a la continuidad de los proyectos, pero por el otro, el concurso docente limita y perfila cierto perfil de compañeros y compañeras que se acercan a laburar. Ahí hay que pensar estrategias que no habiliten la precarización laboral de los compañeros y compañeras ni precarizar los proyecto, pero al mismo tiempo,  avanzar en que los compañeros y compañeras sean afines al proyecto”.

La educación y el rol organizativo

El desarrollo de distintos espacios de formación formales e informales permiten a las organizaciones articular con los vecinos y discutir de manera colectiva las problemáticas que van más allá del acceso a la educación mismo.

Daniela, comunicadora de La Garganta Poderosa, veicina del barrio Fátima, explicó: “Los espacios de educación popular sirven para conocer las distintas problemáticas del barrio, de las madres, de los pibes, de todo lo que falta. Uno de los problemas más grandes, por ejemplo, es el de las vacantes en los colegios: muchos no logran tener lugar, son reasignados y se terminan tomando dos bondis para ir a su escuela”.

La alfabetización

Muchos vecinos de villas y barrios de emergencia trabajaron desde chicos, tuiveron que migrar o hablan otros idiomas, etre algunos de los problemas que les imposibilitaron aprender a leer y escribir, por lo que los movimientos populares también buscan, de manera asamblearia, las soluciones.

Daniela aseguró: “No es que solamente damos una mano para la tarea o aprobar la materia, sino que buscamos dónde tocar y apretar para que se resuelvan todos estos temas. En cada asamblea se generan los espacios de contención y discusión”

anslbma23

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