(Ansol).- Desde la aplicación de la Ley Nacional de Educación en el 2006, se incorporó la promoción de los valores cooperativos y mutuales en los centros de enseñanza, como también el reconocimiento de las llamadas “escuelas de gestión social”.

“A partir de esta ley, varias provincias se adaptaron para la enseñanza de estas temáticas. Identificamos varias formas de bajar estas temáticas a las aulas: una, trabajarla como contenido específico, y otro, hacerlo transversalmente con la currícula que los docentes tienen que cumplir. Por ejemplo, con la inmigración, ver cómo trajeron sus experiencias mutualistas y cooperativistas al país, y con eso pudieron satisfacer necesidades primordiales al llegar a estas tierras”, dijo en una entrevista en la radio de la Universidad de Tres de Febrero (Untref), Jorgelina Flury, coordinadora  del Centro de Estudios de la Economía Social (CEES).

En este marco, es que diferentes proyectos que van desde colegios cooperativos y mutuales, como de otras experiencias ligadas a organizaciones sociales, como los bachilleratos populares, fueron incluidos en esta legislación, en tanto se las “visualiza como espacios de inclusión social con un fuerte acento en los aspectos comunitarios y en su capacidad de generar innovaciones en las formas de gestión, para garantizar la permanencia de la población en el sistema educativo. Se trata de escuelas que, por las características de su situación geográfica y por la matrícula que atienden, buscan desarrollar metodologías de trabajo adecuadas al contexto social y cultural de los territorios en los que se insertan”, según un informe del 2007 del Ministerio de Educación de la Nación.

“Otra vía para incorporar el asociativismo en la educación formal, es a partir de cooperativas escolares. Estos son modelos de cooperativas integrados por niños, niñas y adolescentes, que aprenden a constituir, dirigir y llevar adelante una cooperativa. Ellos la llevan realmente, con una cuenta bancaria, pero su finalidad no es el excedente, pero con la idea de abordar temáticas de la escuela como acceder a material escolar, uniformes o, también, trabajar con una huerta y luego hacer mermeladas. También hay experiencias de cooperativas de teatro. De este modo aprenden a gestionar de manera democrática, participar, a cómo hacer valer su voz”, destacó Flury.

Por último, la coordinadora del CEES destacó que el núcleo de estas experiencias son la presencia e inmersión de la comunidad educativa en la vida de las escuelas, para su funcionamiento cotidiano: “Lo importante de estos proyectos es la participación. Se convoca mucho a las familias en las escuelas cooperativas, pero no todas tienen gran convocatoria, a veces por cuestiones económicas, que impiden insertarse más o también por el propio contexto que vivimos. Estamos insertos en una sociedad fuertemente individualista, y la educación, es un campo de disputa, y hay que seguir tratando de inscribir este tipo de compromiso con el sentido de lo común”.