(Ansol).- Una vez cerrados los comicios de ayer, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, volvió a referirse a la necesidad de implementar el voto electrónico en todo el país, como un mecanismo de agilizar los resultados de las elecciones, y como modelo para evitar distintas formas de fraude, como el robo de urnas o boletas, y que ya lleva 20 años de aplicación en algunos países del mundo, tras su primera aplicación en 1998 en la comunidad autónoma española del País Vasco.

Sin embargo, distintas voces se volvieron a alzar contra este sistema, debido a las múltiples falencias que posee, y que ha generado que en países como Alemania, Finlandia o Noruega, haya sido prohibido tras su aplicación, debido a los enormes riesgos para generar una votación y resultados transparentes del sufragio.

“Quien te habla del voto electrónico, o no sabe de tecnología o te quiere vender el sistema o tiene intereses creados en ese sentido. Nadie que entienda de tecnología te puede asegurar que el voto electrónico es algo seguro, auditable o transparente”, dijo a Ansol José Massón, miembro de la cooperativa tecnológica GCoop, dedicada al desarrollo de software libre, y señaló: “Tenés que ser ingeniero en sistemas, analista en sistemas, ingeniero en informática y en muchísimos casos con los conocimientos de ese título de grado, ni siquiera se está en condiciones. Uno terminaría dejando en manos de una elite iluminada la auditoría de un proceso electoral, cuando con el sistema actual, con todas las falencia que tiene, lo puede hacer cualquier persona que tenga los conocimientos básicos que otorga el Estado: leer, escribir y sumar”.

Estos fundamentos llevaron a la Corte Suprema de Alemania a elevar un fallo contrario al voto electrónico en el 2009, cuatro años después de que implementara por primera vez en territorio germano, debido a que los fiscales no tenían los saberes suficientes para controlar el proceso técnico y debía confiar obligadamente en la seguridad del software creado por una empresa y en los resultados emanados por las computadoras: “En un sistema republicano, el ciudadano debe poder controlar todos los pasos esenciales de la elección sin tener conocimientos técnicos especiales”, fue uno de los argumentos del fallo judicial.

No en vano, hoy en día solo siete países aplican este modelo: algunos Estados estadounidenses, India, Brasil, Venezuela, Bélgica, Estonia y Filipinas, mientras que en Irlanda o los Países Bajos, fueron dejados de lado tras encontrar vulnerabilidades.

“Si agarrás a las cien personas más notables en términos de seguridad informática, sistemas y más, es imposible que puedan auditar un sistema con millones de líneas de código y que no se escape ningún error. En el proceso de votación se tienen que garantizar tres cosas: seguridad, auditabilidad y voto secreto. Con el sistema electrónico no se logra garantizar ninguna de las tres al mismo tiempo. Además, con esto aumenta la probabilidad del fraude a gran escala, porque sólo se tiene que lograr que la persona ideal meta una vulnerabilidad en el sistema. Solo una persona. Ahora, para hacer fraude se tiene que sobornar o presionar a muchísimas personas”, asestó a esta agencia José Massón.

Argentina: informes técnicos y oídos sordos.

Cuando el año pasado se avanzó en la reforma electoral, el voto electrónico quedó en el centro de la escena, como resultado de impugnaciones realizadas por numerosos especialistas, entre ellos, una auditoría realizada por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, que revelaba, entre otros puntos, que con una antena arcaica, se podía ver qué voto estaba emitiendo el ciudadano.

“Se encontraron un montón de vulnerabilidades. Por ejemplo, con una radio muy vieja de onda corta, fue posible captar la frecuencia que emitían las computadoras a cada voto y ver por quién votaba cada votante. O hacer fraude con voto cadena, a partir de una aplicación de celular común. Cuando se empezó a tratar el proyecto de reforma política, se presentaron estas investigaciones en las diferentes comisiones del Congreso e hicieron oídos sordos, porque no les interesa otra cosa que aplicarlo. El diputado Pablo Tonelli, de Cambiemos, llegó a decir que los informáticos iban y hacían trucos de magia para decirles que el sistema no era seguro. Y el problema es que es algo efectivamente inseguro y opaco”, concluyó Massón a este medio.