(Ansol).- “Nosotros los estamos ayudando con la difusión del proyecto y esperamos poder colaborar con la estandarización del proceso y el análisis del poder calórico, así como evaluar si hay alguna diferencia entre trizar hojas o ramas, o todo lo que esté vinculado a celulosa de alguna forma”, anticipó la ingeniera agrónoma Natalia Naves, técnica de la Dirección de Producción Forestal en la región Cuyo, del Ministerio de Agricultura nacional.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través del programa Pro Huerta, participará del reciclado promovido por estudiantes de la Escuela Especial 2040 de la ciudad mendocina de Uspallata, quienes producen briquetas -biocombustibles para generar calor- a partir de la recolección y secado de hojas de álamo y otros desechos.
“Las podemos usar como alternativa para calefacción y cocina. La diferencia es que para conseguir un kilo de leña forestal se necesitan de ocho a diez años y es necesario cortar el árbol, mientras que con este proceso conseguimos un kilo de leña ecológica sin deforestar. A partir de eso que algunos llaman basura, aunque para otros es un tesoro, hemos reciclado, reutilizado y contribuido al medioambiente. Para hacer leña ecológica con productos de desecho no se necesitan maquinarias ni equipos costosos”, resaltó Miguel Ángel Farías, un empleado municipal de Las Heras, en Mendoza.
El problema de las hojas
“Las cortinas forestales nos dejan una gran cantidad de hojas que no se sabe qué utilidad darle: se queman, contaminan el medioambiente, tapan las acequias y producen accidentes”, reconoció Farías.
El procedimiento
El procedimiento es relativamente sencillo, pero producirla de manera sistemática y en cantidades significativas como para poder disminuir el consumo de leña vegetal requiere de una tecnología más compleja, que involucra la participación y el modo de relacionarse de diversos actores, incluso de quienes serán los beneficiarios de la iniciativa.